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miércoles 22 de agosto de 2007

Cunday Tolima 1930-1934

Habiendo descrito ya la situación nacional durante esos años (Véase Historia de Colombia, 1930-1934,Gobierno de Olaya Herrera), anexando como referente los costos de vida en Ibague durante 1932-1934, implementemos la descripción de la Historia de Cunday Tolima durante el cuatrienio.
1.)Economía agraria y cafetera:
Es crucial no perder de vista los datos de la Historia cafetera del Tolima en 1932, ni por supuesto la del Sumapaz durante ese mismo lapso (es menester reconocer que fueron recopiladas para entender mejor lo sucedido en Cunday Tolima por estas fechas).


No propiedades

Has cultivadas

Has apropiadas

Árboles

Líbano

991

7.725

4.818

10.109.489

Cunday

574

6.016

12.166

6.632.707

Chaparral

1.010

4.572

4.217

6.694.864

Icononzo

365

3.577

991

3.853.523

Melgar

592

2.818,5

2.971

3.007.514


Árboles en producción

Producción en arrobas

No de despulpadoras

Líbano

8.891.503

351.162

1.169

Cunday

5.578.402

217.479

473

Chaparral

6.271.214

210.910

956

Icononzo

3564.525

159.480

301

Melgar

2.768.724

950.068

141

Según Gloria Gaitán, analizando estas cifras- donde por ejemplo Icononzo bajó porcentualmente en este rango de datos e Ibagué subió drásticamente-, no es la velocidad en la siembra la que genera los conflictos sino la concentración de la posesión de esos cafetos sembrados[1].

Durante este tiempo y hasta 1934 cuando los choques entre arrendatarios y Hacendados se hicieron frecuentes, los contratos de aparcería eran orales, consensuales, celebrados de buena fe y cumplidos honestamente. Ese año elaboraron entonces, La federación de Cafeteros y la gobernación de Cundinamarca, un modelo de contrato de arrendamiento, encaminado a regular las relaciones entre aparceros y propietarios. A manera de resumen rudimentario, digamos que se trataba de arrendamiento con trabajo obligatorio, acababa el pago en especie y se pasó a renta en dinero, se estipulaba detalladamente las labores y obligaciones, pudiendo sembrar café y /o cacao bajo otro contrato que desglosa ítem por ítem sus implicaciones, etc.

Para esta década estallan las insurrecciones indígenas de Quitín Lame por mantener sus tierras de resguardo y las querellas por tierras en el Oriente del Departamento. Respecto a este último problema, varios comerciantes nacionales y extranjeros, desde 1880 compraron tierras en la región. La familia Vargas- descendientes de don Pedro Fermín- tenía 145.000 arbustos y los Williamsom (hacienda Canadá) 200.000; Vicente Reyes Daza en su hacienda Escocia, 230.000 matas. Hacia 1928 al expedirse el Decreto 1110 de delimitación de baldíos y otra norma que mandaba a todo colombiano dueño de más de 500 Ha a registrar su título ante el Ministerio de Industria, se generó angustia y preocupación entre el gremio terrateniente, que se sabía incapaz de presentar títulos de propiedad de todas las tierras que decían ser suyas; ahora con la colonización dirigida y grandes parajes no explotados de muchas grandes haciendas, el campesinado se tomó las mismas y los hacendados amparados en la Legislación civil vigente, procedieron a expulsarlos. Los colonos reclamaban acreditar los títulos. La represión se hacía sentir. El campesinado empleado en Obras públicas, con la depresión, se queda sin empleo y regresa al campo, “envenenado” con ideas sindicalistas, y, radicalizado en términos de liberarse del yugo explotador de los terratenientes.[2]

En el último trimestre de 1930, agentes de la Compañía cafetera de Cunday, quemaron las casas de los colonos y cortaron las matas de café, que el campesinado había sembrado, contraviniendo lo estipulado en el Contrato de Arrendamiento firmado. [3]

En julio de 1934, en carta al gobernador del Tolima y al Ministerio de Industrias, los colonos narran su estado: Un pequeño cultivador rompe la selva intrincada a fuerza de privaciones y sacrificios, luego viene el latifundista que sin exhibir títulos de ninguna clase reclama como suyas todas las tierras de la comunidad, y si el pequeño cultivador, por falta de recursos, no puede intentar un pleito en defensa de sus intereses vulnerados-las leyes son caras para el pobre-, se ve obligado a abandonar su pequeña fundación o a vendérsela al capitalista por un precio irrisorio o internarse más adelante donde corre el peligro de tener la misma suerte porque el latifundista siempre aspira a extender más y más sus vastos dominios. Prueba de ello es el gran número de viejos colonos cultivadores a quienes se nos han prohibido las rocerías y que desde hace mucho tiempo nos tienen trotando a las oficinas de Chaparral y el Guamo a defender nuestras fundaciones y a los que los latifundistas nos han obligado a firmar documentos que nos ponen en la condición de agregados, siendo así que para establecer nuestros cultivos y casa de habitación tuvimos que, unos derribar montaña virgen hace muchos años sin que entonces nadie nos impidiera, otros comprar las mejoras y derechos de posesión a los primitivos descubridores”. “De manera muy respetuosa llamamos la atención de los señores Ministro de Industrias y Gobernador del Departamento del Tolima, para que dicten medidas que nos amparen a fin de evitar que se nos desvincule de la tierra, pues a la campaña iniciada por algunos capitalistas de esta región para conseguir el predominio de los baldíos, desconociéndonos los derechos que como colonos tenemos a las tierras, se debe la escasez de los víveres y como consecuencia lógica la carestía de los mismos que se hace sentir más y más cada día en proporciones alarmantes para el obrero, cuyo salario no está de acuerdo con el alza constante de los predios.[4]

Los latifundistas emprendían actos de policivos y de lanzamiento en contubernio con los Alcaldes locales, previa colocación de avisos en la prensa como “legalización” de su accionar siguiente: “El suscrito Alcalde Municipal de Cunday, avisa: Que el día jueves 14 de los corrientes a las ocho de la mañana se dará principio a la diligencia de lanzamiento contra Fausto Cruz, como ocupante de hecho de una porción de terreno de los predios de la hacienda de Nuevo Mundo, de propiedad de la Compañía Cafetera de Cunday, para cuyo fin se fija el presente aviso en la entrada al sitio donde se ha de practicar tal diligencia en virtud de que el demandado Cruz quede notificado o enterado de ello, así como también los demás interesados que se crean con derecho a tal ocupación. Cunday, Junio 14 de 1934. El alcalde Juan N. Viatela. El secretario Ernesto Guzmán G.”[5]

Los colonos, desalojados debían pagar una fianza de $100 para que no regresaran a trabajar en las tierras del “patrón” que en su mayoría eran predios del Estado, es decir, Baldíos; aparte que al no tener que hacer los apresaban por vagancia.[6]

Cunday Tolima 1930-1934 (2)
Cunday Tolima 1930-1934 (3)

[1]GAITAN Gloria, La lucha por la tierra en la década de los 30, Bogotá ,Tercer mundo editores, 1975, página 23

[2]HENDERSON, James. Cuando Colombia se desangró, un estudio de la violencia en metrópoli y provincia, El Ancora editores, 1982,páginas,96-100 y 101-103

[3]HENDERSON, James.Ibid, página 105.

[4] Periódico Unirismo. Julio 26 de 1934. Año I No 7. Bogotá, Pág. 11, citado por GAITAN Gloria, La lucha por la tierra en la década de los 30, Bogotá ,Tercer mundo editores, 1975, página 40

[5] Ibíd..., Junio 14 de 1934. Año 1 No 2. Bogotá, página 11, citado por GAITAN Gloria, La lucha por la tierra en la década de los 30, Bogotá ,Tercer mundo editores, 1975, página 41

[6]Anales del Congreso. Sesión de Agosto 24 de 1933, citado por GAITAN Gloria, La lucha por la tierra en la década de los 30, Bogotá, Tercer mundo editores, 1975, página 41.



Bibliografía
Departamento del Tolima, Contraloría departamental, anuario estadístico de 1935, Ibagué Imprenta departamental
GAITAN Gloria, La lucha por la tierra en la década de los 30, Bogotá ,Tercer mundo editores, 1975
HENDERSON, James. Cuando Colombia se desangró, un estudio de la violencia en metrópoli y provincia, El Ancora editores, 1982