(Noveno post de "Fundamentos culturales del judaísmo III". Bibliografía del volumen al final del ultimo articulo.)
Tradicionalmente Merneptah fue el faraón del Éxodo bíblico, pero no hay escritos históricos egipcios que lo corroboren. Es dable que esta minoría asiática (¿las tribus de José, Benjamín y los Levitas ?) haya decidido unirse a los israelitas que estaban “atacando” las ciudades cananeas-léase mejor, infiltrándose-. Si hubieran pasado un gran volumen de israelitas en fuga, los puestos de control egipcios habrían emitido algún informe. Pero en las fuentes egipcias del Imperio Nuevo y en especial del siglo XIII no se les menciona. La crónica bíblica sugiere que había una diferenciación étnica diferenciada entre los grupos de extranjeros residentes en el Delta, pero los documentos de la época no lo hacen notar así.
Lo único medianamente posible es que fueran unos pocos sujetos (no la multitud que pinta el AT), que efectivamente se encontraran con refuerzos (Enemigos de Egipto, ¿los hicsos?), como tácitamente plantea la posibilidad. Véase Éxodo 1:10 (BJ)
Al parecer llevaban la noción monoteísta de Akhenatón como uno de sus pilares éticos, el primitivo YWHV, quien asimiló en su seno los siete dioses planetarios (titanes) de la semana.
Es en tal sentido que conjeturamos, haciendo alusión a lo expresado por Manetón. Según el sacerdote egipcio que escribió una historia de Egipto en la primera mitad del siglo III a.C., quien dice estar trasmitiendo una tradición antigua, que el rey queriendo «ver a los dioses», sigue los dictados de un profeta (Amenofis, quien luego se suicida al prever las alianzas de algunas gentes con estos segregados enfermos, a sí como la dominación por parte de estos individuos sobre el territorio egipcio durante 13 años) quien le propone limpiar el país de leprosos (y otras personas impuras), con lo cual se purificaría y podría ver a los dioses; efectivamente los envía a las minas del desierto oriental, incluyendo con ellos a algunos sacerdotes. Los leprosos piden autorización y se radican en Avaris; allí escogen como su líder al sacerdote heliopolitano Osarsiph (Osarsef) y este formula leyes para ellos según el principio de inversión normativa, prescribiendo todo lo que está prohibido en Egipto y prohibiendo todo lo que está prescrito allí.
Faltar a este código implicaría no pertenecer a la comunidad, esa minoría que ha confeccionado sus normas de pureza para defenderse de la voracidad rapaz de la cultura dominante, normas que incluyen una cláusula para no involucrarse sexualmente con extranjeros y la obsesión con la territorialidad.
Instaurando sus revolucionarias instituciones, manda Osarsiph fortificar la ciudad e invita a los hicsos (pastores expulsados, residentes en Jerusalén) a unirse a su revuelta contra Egipto; el rey Amenofis (con un hijo infante, de cinco años) huyó temeroso y la alianza gobernó Egipto durante trece años. El líder de los leprosos adoptó el nombre de «Moisés». Al cabo de los trece años de gobierno de estos señores (como se lo había profetizado quien le dijo de recoger a los leprosos), el hijo del rey regresó y los expulsó del país.
Para reforzar esta hipótesis, también Josefo menciona que Queremón, filósofo griego, de la escuela estoica y director del Museo de Alejandría, viajó a Egipto hacia el 320 a.C. y maneja un relato similar. Asevera que el número de los segregados ascendía a doscientos cincuenta mil y eran conducidas por Moisés y José (cuyos nombres egipcios eran Tisitén y Petesef).
Mas no contento con lo reseñado, trae a colación otra declaración, la de Lisímaco, redactada por el año 200 a.C., quien comienza su narración durante una hambruna bajo el gobierno de Bocchoris (Bocoris). Sus profetas le indicaron que retirara de los templos a la gente impura e impía, los expulsaran a sitios desérticos, ahogara a los sarnosos y leprosos y entonces la tierra volvería a ser fértil acabándose la hambruna.
Los demás enfermos eligieron como líder a Moisés quien los saca del país.
Ver:Escenografia de Moises,Exodo y hebreos
Tradicionalmente Merneptah fue el faraón del Éxodo bíblico, pero no hay escritos históricos egipcios que lo corroboren. Es dable que esta minoría asiática (¿las tribus de José, Benjamín y los Levitas ?) haya decidido unirse a los israelitas que estaban “atacando” las ciudades cananeas-léase mejor, infiltrándose-. Si hubieran pasado un gran volumen de israelitas en fuga, los puestos de control egipcios habrían emitido algún informe. Pero en las fuentes egipcias del Imperio Nuevo y en especial del siglo XIII no se les menciona. La crónica bíblica sugiere que había una diferenciación étnica diferenciada entre los grupos de extranjeros residentes en el Delta, pero los documentos de la época no lo hacen notar así.
Lo único medianamente posible es que fueran unos pocos sujetos (no la multitud que pinta el AT), que efectivamente se encontraran con refuerzos (Enemigos de Egipto, ¿los hicsos?), como tácitamente plantea la posibilidad. Véase Éxodo 1:10 (BJ)
Al parecer llevaban la noción monoteísta de Akhenatón como uno de sus pilares éticos, el primitivo YWHV, quien asimiló en su seno los siete dioses planetarios (titanes) de la semana.
Es en tal sentido que conjeturamos, haciendo alusión a lo expresado por Manetón. Según el sacerdote egipcio que escribió una historia de Egipto en la primera mitad del siglo III a.C., quien dice estar trasmitiendo una tradición antigua, que el rey queriendo «ver a los dioses», sigue los dictados de un profeta (Amenofis, quien luego se suicida al prever las alianzas de algunas gentes con estos segregados enfermos, a sí como la dominación por parte de estos individuos sobre el territorio egipcio durante 13 años) quien le propone limpiar el país de leprosos (y otras personas impuras), con lo cual se purificaría y podría ver a los dioses; efectivamente los envía a las minas del desierto oriental, incluyendo con ellos a algunos sacerdotes. Los leprosos piden autorización y se radican en Avaris; allí escogen como su líder al sacerdote heliopolitano Osarsiph (Osarsef) y este formula leyes para ellos según el principio de inversión normativa, prescribiendo todo lo que está prohibido en Egipto y prohibiendo todo lo que está prescrito allí.
Faltar a este código implicaría no pertenecer a la comunidad, esa minoría que ha confeccionado sus normas de pureza para defenderse de la voracidad rapaz de la cultura dominante, normas que incluyen una cláusula para no involucrarse sexualmente con extranjeros y la obsesión con la territorialidad.
Instaurando sus revolucionarias instituciones, manda Osarsiph fortificar la ciudad e invita a los hicsos (pastores expulsados, residentes en Jerusalén) a unirse a su revuelta contra Egipto; el rey Amenofis (con un hijo infante, de cinco años) huyó temeroso y la alianza gobernó Egipto durante trece años. El líder de los leprosos adoptó el nombre de «Moisés». Al cabo de los trece años de gobierno de estos señores (como se lo había profetizado quien le dijo de recoger a los leprosos), el hijo del rey regresó y los expulsó del país.
Para reforzar esta hipótesis, también Josefo menciona que Queremón, filósofo griego, de la escuela estoica y director del Museo de Alejandría, viajó a Egipto hacia el 320 a.C. y maneja un relato similar. Asevera que el número de los segregados ascendía a doscientos cincuenta mil y eran conducidas por Moisés y José (cuyos nombres egipcios eran Tisitén y Petesef).
Mas no contento con lo reseñado, trae a colación otra declaración, la de Lisímaco, redactada por el año 200 a.C., quien comienza su narración durante una hambruna bajo el gobierno de Bocchoris (Bocoris). Sus profetas le indicaron que retirara de los templos a la gente impura e impía, los expulsaran a sitios desérticos, ahogara a los sarnosos y leprosos y entonces la tierra volvería a ser fértil acabándose la hambruna.
Los demás enfermos eligieron como líder a Moisés quien los saca del país.
Ver:Escenografia de Moises,Exodo y hebreos


















0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada