La base de este comentario es el libro de Patrick Süskind[1], titulado El perfume, Historia de un asesino[2], que en inglés llegaría como Perfume: the story of a murderer[3].El protagonista de El perfume es Jean Baptiste Grenouille[4] cuya «única ambición se limitaba al mundo de los olores». Paradójicamente un tipo con ansias estéticas en perfumería, viene al mundo envuelto en los olores más nauseabundos[5], como estableciendo su criterio artístico de crear lo que no tiene, lo que no le fue dado[6].
Luego de su nacimiento entre pútridos perfumes, avanza vienen las colisiones olfativas alrededor de Jean Baptiste: la nodriza con «aroma de leche y queso de oveja» y él mismo que no huele a nada[7]. Pero, «quien sobrevive al propio nacimiento entre desperdicios, no se deja echar de este mundo así como así».
Llegó al lenguaje asociando palabras a olores, dificultándosele los conceptos sin perfume[8] …Todo su mundo giraba en torno a comprender este seductor universo del perfume[9]. Su sondeo en este volátil mundo lo condujo a percibir una fragancia «de una sutileza y finura tan excepcionales», que «tuvo el extraño presentimiento de que aquella fragancia era la clave del ordenamiento de todas las demás fragancias»[10]. Y como buen curtidor de pieles que era hasta ese instante sabia que debía inmovilizarla y sacrificarla para arrancarle sus secretos odoríferos y absorber toda su fragancia, alcanzando cimas de éxtasis hasta ese día desconocidos, llegando a la iluminación respecto a su destino: «revolucionar el mundo de los olores» y para eso debía dominar el arte de la perfumería, para poder conservar administrar a discreción todos eso gratos efluvios.
Ingresó a la perfumería de Giuseppe Baldini, «quien no era un creador, solo un mezclador concienzudo de olores acreditados…», su carta de presentación: «tengo la mejora nariz de París maître Baldini…Conozco todos los olores del mundo, todos los de París aunque no se sus nombres de muchos…»..Allí llegó con su practicidad y experiencia en el mundo de los perfumes y su maravillosa nariz y aprendió a escribir sus fórmulas y a interpretar las composiciones de perfumes ajenos; aprendió así mismo la teoría de la obtención de los aceites esenciales por medio de destilado, prensado y el enfleurage[11], esta última técnica no la dominaba Baldini y era en el sur de Francia donde la ejercían. Hacia allá pues marchaba Grenouille, quien al contacto con la soledad y el silencio de la naturaleza comprendió que «era del mundo en general de lo que tenía que apartarse…de los seres humanos»….Halló su paraíso de paz, su paraíso de perfumes, sin humanos ni convencionalismos estorbando.[12]Y así duro en su aislamiento voluntario durante siete años…Diseña entonces un perfume para oler como un hombre perfumado[13], siendo advertida su existencia incluso sin ser visto, cosa que le alegró sobremanera a él, un ser ignorado recurrentemente por no tener olor.
Se propuso entonces crear un perfume que al aplicárselo los demás tuvieran que amarlo[14]; en este proceso elaboró otros aromas personales como una fragancia para pasar desapercibido, un perfume para transmitir la sensación de urgencia y prisa; otro perfume que incitaba a la compasión…Pero para su máximo propósito debía capturar la fragancia de personas que inspiraran amor: así fue cazando sus víctimas, mujeres jóvenes y bonitas…los indicios condujeron a su captura.Rumbo al cadalso probó un poco de su invento, convenciendo a «los diez mil seres humanos del Cours» y a las autoridades de amarlo con ternura, de amnistiarlo, incitando además a todos los concurrentes a una orgía desenfrenada a plena luz del dia….Se sentía pleno, satisfecho, ahora, para redondear su faena marcharía a París «y morir allí». Efectivamente lo consiguió: lo amaron tanto[15]que lo devoraron literalmente.[16]
[1] Novelista Alemán, experto en historia medieval y moderna.
[2] Das Parfum, Die Geschichte eines Mörders .Traducción Pilar Giralt Gorina. RBA Editores S.A., Barcelona 1992.
[3] Y en francés, Le parfum, Histoire d'un meurtrier.
[4] Que traduce del francés, rana.
[5] «Sobrevivió al sarampión, la disentería, la varicela, el cólera, una caída de seis metros en un pozo y la escaldadura del pecho con agua hirviendo».
[6] O como decía Henry Miller: «va a usted a convertir su frustración en algo útil. El arte puede volver bello lo horrible» «Un artista, aun cuando detecte un defecto, lo convierte en algo impecable». Sexus I, Planeta Colombiana Editorial S.A. 1985, páginas 35 y 113.
[7] El lactante «huele como…una galleta mojada en leche»
[8] Y notándose a las claras la pobreza del lenguaje hablado frente a los matices, sutilezas y variantes del lenguaje odorífero.
[9] Cuyo propósito «era conseguir un efecto embriagador y atrayente»
[10] El perfume de una adolescente de doce o trece años: como seda y leche (producto de miles de sub-fragancias como brisa marina, aceite de nuez, nenúfares, flores de albaricoque)
[11] En sus tres variantes, empleado para extraer la fragancia más delicada de los jazmines, la rosa y el azahar. El enflorado consistía en tomar el material vegetal (generalmente flores) y ponerlo en contacto con grasa.
[12] «Se había aislado del mundo para su propia y única satisfacción, solo a fin de estar cerca de sí mismo»
[13] Se trataba de imitar el perfume humano.
[14] Convertirse en una suerte de Dios del perfume. «Quien dominaba los olores, dominaba el corazón de los hombres…No sintió ninguna euforia cuando concibió el plan de dominar a los hombres.»
[15] Debido a la cantidad y a la concentración del perfume.
[16] «Por primera vez habían hecho algo por amor»


















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