Salvar al Soldado Ryan es una gran producción de Steven Spielberg, motejada de belicista (según otros de antimilitarista, depende el gusto), patriotera y demás.Usando técnicas reconocidas dentro del medio para causar los efectos que el director pretende en su audiencia, el Flashback o la retrospectiva, una técnica empleada para alterar el orden cronológico natural de una narración, Spielberg nos conduce al “Normandy American Cemetery and Memorial”, en Normandía, de la mano de un anciano (Harrison Young), quien junto a su familia busca una tumba concreta. El anciano a pesar de su motricidad torpe, marcha presuroso; en ese instante es prioritario este encuentro que él propicia. La familia no entiende mucho, ¡qué van a entender!, pero sigue ahí[1]. Halla la tumba y la nostalgia del ayer, lo remite hasta 1944. Empieza la película de guerra. Y no cualquier guerra, la segunda guerra mundial; una guerra como todas, indeseable y dolorosa pero que cobijó a muchos y condicionó el devenir de familias enteras.
6 de junio de 1944, batalla de Normandía (fue la famosa Operación Overload); el inicio de un plan para desembarcar en Europa, por parte de los aliados, un ejército, que liberara a Francia y rompiera la yugular del ejercito alemán. El 6 de Junio de 1944, el día que se iniciaron las acciones fue denominado el día D.
El capitán[2] John H. Miller (Tom Hanks) y sus soldados[3] marchan en vehículos anfibios, provenientes de Inglaterra a establecerse en la costa de Normandía. La reconstrucción del escenario no pudo ser mejor: una costa baja seguida de pendientes donde se parapetaban los alemanes. Al capitán y a sus hombres les correspondió la Playa de Omaha, una de las seis zonas claves dentro del esquema estratégico. Dicha playa queda exactamente frente al Canal de la Mancha, posee cerca de ocho mil metros de extensión. Allí habrían de desembarcar tropas de los Estados Unidos, coordinadas con marinos británicos, estableciendo un nexo con tropas británicas que por el Este habrían de desembarcar.
Algunos critican que Spielberg se tomara 22 minutos en estas escenas del desembarco. Pero que me disculpen los críticos de cine, Salvar al soldado Ryan no se podría entender sin el debido marco histórico que rodearon los hechos referidos en la película. Ahora, esto se puede prestar para los discursos mencionados al inicio de esta reseña, por supuesto. Hubo problemas de navegación y algunos vehículos de desembarco ni siquiera llegaron a la playa; bajo fuego cruzado fallecieron muchos soldados; no obstante grupos de sobrevivientes, lograron hacerse con dos posiciones claves dentro del terreno que a la larga garantizaron la obtención de dicha cabeza de playa para los aliados.
En “Salvar al soldado Ryan”, repetimos, al capitán John. H. Miller y sus hombres les tocó el sector “Dog Green” de la playa de Omaha.
Superado este largo introito, que para algunos no posee conexión fluida con el cuerpo de la película en sí, viene una tragedia humana particular que adquiere visos de historia digna de ser contada, de trocarse, por la magia o la grandeza del narrador[4], en una historia universal. Los comandantes descubren que han muerto tres hermanos de una misma familia y que un cuarto hermano deambula por ahí, en Normandía, y no saben si se halla vivo o muerto. El soldado se llama James Francis Ryan y está encarnado por Matt Damon. Por prejuicios morales o sensiblería, por conveniencia o para manejar el discurso “patriota”, ponen a Georg Marshall a filosofar a partir de una carta de Abraham Lincon, decidiendo en últimas que hay que salvar al Soldado Ryan y entregárselo sano y salvo a su madre en Iowa.
Es claro: nadie está donde debería estar. Pero un buen soldado cumple su misión sin rechistar. Junta un pelotón de rescate, compuesto por otro siete Rangers: el sargento Michael Horvath (Tom Sizemore) y otros soldados, a los que se añade el cabo Upham (Jeremy Davies); parten a su complicada misión, controvertida aun para los subordinados implicados en ella. Al fin en sus pesquisas logran saber que James Ryan se encuentra en una ciudad ficticia, Ramelle, guardando el paso de un puente sobre el Río Merderet.
Es claro que ninguno de los subalternos sabe nada de la vida del enigmático capitán y apuestan sobre sus oscuros orígenes. Solo Upham intuye cosas, desmure por ejemplo que sabe algunos textos de Emerson:
"Es perfectamente comprensible la afición de la humanidad a la guerra, porque ésta viene a quebrar el estancamiento de la sociedad y sirve para poner de manifiesto los méritos personales de todos los hombres."
Luego de neutralizar unas ametralladoras de los alemanes, les revela que es profesor de literatura en Pensilvania, que por supuesto es un ser sensible que siente que con cada hombre que mata se aleja más de su hogar, que reconoce que la guerra cambia las personas, así como crea camaraderías.
Cuando logran dar con James Ryan, está comprometido, con la defensa de ese punto neurálgico y decide quedarse, no ser digno de ser aislado del conflicto, por cuanto los soldados son sus otros hermanos y no va a abandonarlos[5]. Bajo esta premisa, deciden quedarse a proteger este sitio en tanto lleguen refuerzos, que les permitirá cumplir su misión de salvar a Ryan y posiblemente ganarse su boleto de regreso a casa.
En dicha defensa, el capitán cae herido. Moribundo le dice a Ryan al oído: Sea digno[6] de esto…gáneselo.
De regreso al “Normandy American Cemetery and Memorial”, James Ryan, llora frente a la tumba de quien comandó al pelotón comisionado para rescatarlo; allí interpela a su esposa: “dime que he vivido dignamente, que he sido un hombre bueno”. La esposa contestó: Lo eres.
A diario me pregunto: ¿seré digno del sacrificio de mis mayores para que yo sencillamente, fuera? ¿Estaré obrando de tal forma que ellos, los idos (mi papá y mi abuelo) y quienes aun viven (mi abuela) así no estén a mi lado, se sientan orgullosos de mis faenas?
Salvar al soldado Ryan una epopeya, que se ciñe a lo que he dado en llamar, cine y pedagogía.
Ver también: Forrest Gump o el antihéroe, Samsara, nueve semanas y media, nueve canciones, propuesta indecente, Betty Blue, Casa de arena y niebla y el último tango en París
[1] Como diría Teresa de Calcuta: Uno no vino aquí a entender sino a amar. Por supuesto algunos damos tumbos por la vida tratando de racionalizar y complicarnos la cabeza con explicaciones.
[2] Al mando de una unidad militar compuesta de entre 75 y 240 hombres. En Salvar al Soldado Ryan el Capitán Miller reporta 75 bajas y 70 heridos.
[3] Correspondientes a la primera división de infantería, segundo batallón Ranger.
[4] También podría ser por la rutilante influencia de los medios, todo es posible.
[5] Fuerte dosis de idealismo, ¿eh? Para algunos contados seres sobre la tierra las ideas y las convicciones son un faro que marcan los derroteros a seguir, condicionan todas nuestras acciones y nuestras palabras aun. Una palabra fija un destino, un compromiso, una existencia.
[6] Hágase merecedor de…


















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