« ¡1492! Se podría suprimir el signo de admiración y decir sencillamente que, en 1492, los españoles se volvieron locos. O más exactamente, los castellanos.» 1492 fue el año en que se finiquitó la Conquista de Granada, poniendo fin a una larga guerra contra los moros.
El triunfo fundamentalmente lo era de Isabel la Católica…
“Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando”…
La noticia corrió como pólvora entre los reinos y naciones cristianas que habían asumido esta causa como propia.
Es en 1492 cuando Amerigo (Américo) Vespucci marcha para Sevilla a reunirse con Donato Niccolini, quien sabemos trabajaba ya para los Medici y era amigo de Berardi.
«De vuelta a Santa Fe los Reyes católicos, se encontraron al frente de un reino que de pronto parecía llegar al límite hacia donde venía empujándose de siglos…Era el momento de atraerlos con empresas nuevas».
Allí llegó Colón proponiendo mover las fronteras castellanas hacia el Asia, a través del Atlántico. Estando la euforia a la orden del día, el 31 de marzo de 1492 se firma el edicto de expulsión de los judíos y en abril se firman las capitulaciones de Santa Fe a favor de Cristóforo Colombo, o como se dice en castellano, Cristóbal Colón.
Ahora dentro de nuestro acercamiento a Américo Vespucio es crucial recordar que el descubrimiento de América, fue, en parte, un negocio italiano.
«Colón no tenía más capital que su fe. La audacia le servía de fiador. Los reyes le habían aprobado el proyecto, pero apenas le ofrecieron la mitad del dinero que costarían las tres carabelas, y aún ese dinero no lo tenían…Colón e Isabel tenían, cada cual por su lado, que ir a buscar los pocos dineros que costaría armar tres carabelas…»
Colón juntó su parte recurriendo a prestamistas genoveses como Jacobo de Negro, Capatel y Luis Dorio; pero también gracias a 180.000 maravedís facilitados por Gianetto Berardi. «Estos 180.000 maravedís son el testimonio de los coloquios que debieron tener Berardi, Amerigo y Colón en horas de confidencias, de fe, presididas seguramente por el recuerdo de Toscanelli.»
La reina Isabel por su parte consiguió el dinero pidiéndoselo prestado a Luis de Santángel y a Francisco Pinello (genovés).Como punto de partida para la expedición se determinó que fuera Palos de Moguer; se requerían así mismo 90 hombres para las tres carabelas[1]: La Santa María, nave de Juan de la Cosa, quien oficiaba también de capitán; la otra, la Pinta, comandada por Martín Alonso Pinzón, y, por último la Santa Clara, de Juan Niño que terminó llamándose la Niña, capitaneada por Vicente Yañez Pinzón.[2]
[1] «…reunir noventa españoles para ir a jugar un juego con la muerte no era difícil. El pueblo español ve las cosas sin calcularlas, con generoso atrevimiento. Más aún: le entusiasma la desproporción en el riesgo. Entre una lotería y una sociedad anónima de responsabilidad limitada están por la lotería.»
[2] ARCINIEGAS Germán. Amerigo y el Nuevo Mundo. Editorial Hermes, México 1955
El triunfo fundamentalmente lo era de Isabel la Católica…
“Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando”…
La noticia corrió como pólvora entre los reinos y naciones cristianas que habían asumido esta causa como propia.
Es en 1492 cuando Amerigo (Américo) Vespucci marcha para Sevilla a reunirse con Donato Niccolini, quien sabemos trabajaba ya para los Medici y era amigo de Berardi.
«De vuelta a Santa Fe los Reyes católicos, se encontraron al frente de un reino que de pronto parecía llegar al límite hacia donde venía empujándose de siglos…Era el momento de atraerlos con empresas nuevas».
Allí llegó Colón proponiendo mover las fronteras castellanas hacia el Asia, a través del Atlántico. Estando la euforia a la orden del día, el 31 de marzo de 1492 se firma el edicto de expulsión de los judíos y en abril se firman las capitulaciones de Santa Fe a favor de Cristóforo Colombo, o como se dice en castellano, Cristóbal Colón.
Ahora dentro de nuestro acercamiento a Américo Vespucio es crucial recordar que el descubrimiento de América, fue, en parte, un negocio italiano.
«Colón no tenía más capital que su fe. La audacia le servía de fiador. Los reyes le habían aprobado el proyecto, pero apenas le ofrecieron la mitad del dinero que costarían las tres carabelas, y aún ese dinero no lo tenían…Colón e Isabel tenían, cada cual por su lado, que ir a buscar los pocos dineros que costaría armar tres carabelas…»
Colón juntó su parte recurriendo a prestamistas genoveses como Jacobo de Negro, Capatel y Luis Dorio; pero también gracias a 180.000 maravedís facilitados por Gianetto Berardi. «Estos 180.000 maravedís son el testimonio de los coloquios que debieron tener Berardi, Amerigo y Colón en horas de confidencias, de fe, presididas seguramente por el recuerdo de Toscanelli.»
La reina Isabel por su parte consiguió el dinero pidiéndoselo prestado a Luis de Santángel y a Francisco Pinello (genovés).Como punto de partida para la expedición se determinó que fuera Palos de Moguer; se requerían así mismo 90 hombres para las tres carabelas[1]: La Santa María, nave de Juan de la Cosa, quien oficiaba también de capitán; la otra, la Pinta, comandada por Martín Alonso Pinzón, y, por último la Santa Clara, de Juan Niño que terminó llamándose la Niña, capitaneada por Vicente Yañez Pinzón.[2]
[1] «…reunir noventa españoles para ir a jugar un juego con la muerte no era difícil. El pueblo español ve las cosas sin calcularlas, con generoso atrevimiento. Más aún: le entusiasma la desproporción en el riesgo. Entre una lotería y una sociedad anónima de responsabilidad limitada están por la lotería.»
[2] ARCINIEGAS Germán. Amerigo y el Nuevo Mundo. Editorial Hermes, México 1955










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