20/08/08

PRESERVACION DE LA CAPA DE OZONO

Este 16 de septiembre se celebra el día mundial de la preservación de la capa de ozono[1]. Las personas comunes y corrientes, el taxista quizás, el ama de casa, se cuestionarán: y la capa de ozono, ¿eso qué es?
Empecemos diciendo que el Ozono como tal es una variante del oxígeno atmosférico que generalmente es biatómico; en el caso concreto del ozono, posee tres átomos de Oxígeno (O3), es un gas incoloro, soluble en agua fría y en álcalis. Generalmente se produce por una descarga eléctrica en la estratosfera, debido a la radiación ultravioleta sobre el oxígeno, actuando como una pantalla frente a este tipo de radiaciones.
El ozono presente en la atmósfera tiene muy importantes repercusiones para la vida, a pesar de que se encuentra en cantidades muy bajas.
Cuando está presente en las zonas de la atmósfera más cercanas a la superficie es un contaminante que suele formar parte del smog fotoquímico[2]. NO obstante, el ozono de la estratosfera (entre los 10 y los 45 kilómetros) juega un importante papel para la vida en el planeta al impedir que las radiaciones ultravioletas lleguen a la superficie. Uno de los principales problemas ambientales detectados en los últimos años ha sido la destrucción de este ozono estratosférico por átomos de Cloro libres liberados por los CFCs[3] emitidos a la atmósfera por la actividad humana.
Aunque la disminución de la concentración de ozono está demostrada en toda la atmósfera, es especialmente acusada en la Antártida. Sobre este continente se produce todos los años, en los meses de septiembre a noviembre, coincidiendo con la primavera antártica, el llamado vórtice circumpolar, que aísla el aire frío situado sobre la Antártida del más cálido del resto del mundo. Debido al frío se forman cristales de hielo, con cloro y otras moléculas adheridas, que tienen gran capacidad de destruir ozono. Así se forma lo que se suele denominar el "agujero" de ozono. Cuando el vórtice circumpolar se debilita, el aire con muy poco ozono de la Antártida se mezcla con el aire de las zonas vecinas. Esto provoca una importante disminución en la concentración de ozono en toda la zona de alrededor, y parte de América del Sur, Nueva Zelanda y Australia quedan bajo una atmósfera más pobre en ozono que lo normal.
Las radiaciones solares que pasan a través de estos "agujeros" contienen una proporción de rayos ultravioleta considerablemente mayor que las radiaciones normales. Estas radiaciones podrían llegar a producir un incremento en cánceres de piel y otras enfermedades, aunque no está demostrado que esto se haya producido o se esté produciendo. De lo que sí estamos seguros, es que hay estudios que indican que el fitoplancton de los mares que rodean a la Antártida está sufriendo algunas modificaciones que se pueden atribuir, con bastante probabilidad, a este aumento de radiación ultravioleta.[4]

Políticas de protección de la capa de ozono.
Años setenta
Cuando en la década de los setenta se fue conociendo la destrucción del ozono estratosférico se fueron proponiendo diversas medidas. En esos años, las lógicas controversias científicas y el choque de importantes intereses económicos, hicieron que avanzara despacio la implantación de medidas correctoras. En varios países se prohibió el uso de los CFCs como propelentes en los aerosoles, pero como, a la vez, se fueron descubriendo nuevos usos para los CFCs y productos similares, la producción y emisión a la atmósfera de productos destructores de la capa de ozono crecía rápidamente.
De 1980 a 1985
Conforme aumentaban los conocimientos científicos sobre este problema y se veía que la producción de substancias dañinas seguía aumentando, la preocupación sobre los efectos nocivos que esta situación podía provocar fue creciendo y llevó a la constitución de la Convención de Viena en 1985. De esta manera se iniciaba un intenso trabajo internacional que culminó en la firma del Protocolo de Montreal
Protocolo de Montreal (1987)
El primer Protocolo de Montreal se planteaba la reducción a la mitad de los CFCs para el año 1998. Después de la firma de este primer protocolo nuevas mediciones mostraron que en daño en la capa de ozono era mayor que el previsto, y en 1992 la comunidad internacional firmante del Protocolo decidió acabar definitivamente con la fabricación de halones en 1994 y con la de CFCs en 1996, en los países desarrollados.
Presente y futuro
Gracias a las medidas tomadas en el Protocolo de Montreal las emisiones de substancias destructoras del ozono han disminuido considerablemente. Dado el retraso de unos diez a veinte años entre la liberación de estas substancias en la baja atmósfera y la formación de los dañinos compuestos de cloro en la estratosfera, los niveles de cloro atómico todavía siguen aumentando en esta zona de la atmósfera aunque, si todo sigue como hasta ahora, se prevé que empezarán a disminuir en los primeros años del 2000. Se calcula que para el 2040 o 2050 se habrán recuperado los niveles de ozono originales en la atmósfera.[5]

Véase también: Reducción del calentamiento global
[1] En inglés Ozone.
[2] El smog como tal designa la contaminación atmosférica producida en las ciudades como resultado de la combinación de unas determinadas circunstancias climatológicas y unos concretos contaminantes.
En muchas ciudades el principal problema de contaminación es el llamado smog fotoquímico. Con este nombre nos referimos a una mezcla de contaminantes de origen primario (NOx e hidrocarburos volátiles) con otros secundarios (ozono, peroxiacilo, radicales hidroxilo, etc.) que se forman por reacciones producidas por la luz solar al incidir sobre los primeros.
Esta mezcla oscurece la atmósfera dejando un aire teñido de color marrón rojizo cargado de componentes dañinos para los seres vivos y los materiales. Aunque prácticamente en todas las ciudades del mundo hay problemas con este tipo de contaminación, es especialmente importante en las que están en lugares con clima seco, cálido y soleado, y tienen muchos vehículos. El verano es la peor estación para este tipo de polución y, además, algunos fenómenos climatológicos, como las inversiones térmicas, pueden agravar este problema en determinadas épocas ya que dificultan la renovación del aire y la eliminación de los contaminantes.
[3] Clorofluorocarburos.
Moléculas orgánicas formadas por átomos de Cl y F unidos a C. Por ejemplo CCL3F (Freón-11) o CCL2F2 (Freón-12). Se han utilizado mucho en los "sprays", frigoríficos, etc. Son los principales responsables de la destrucción de la capa de ozono.
Son productos muy poco reactivos, lo que hizo que fueran la solución óptima para la fabricación de frigoríficos, goma espuma, extintores, aerosoles, y como fumigantes en la agricultura (bromuro de metilo), etc.
Sus cualidades son tan óptimas para estos usos que en las últimas décadas los hemos fabricado y usado en cantidades crecientes, tanto que, poco a poco, han ido acumulándose en la atmósfera. Pero su principal ventaja -la estabilidad- ha sido también el origen de sus dañinos efectos. Ascienden, sin ser destruidos, hasta la estratosfera y una vez allí, las radiaciones ultravioletas rompen las moléculas de CFC liberando los átomos de cloro responsables de la destrucción del ozono. El cloro atómico actúa como catalizador, por lo que un solo átomo puede atacar cientos de miles de moléculas de ozono.
[4] Desde hace unos años los niveles de ozono sobre la Antártida han descendido a niveles más bajos que lo normal entre agosto y finales de noviembre. Se habla de agujero cuando hay menos de 220 DU de ozono entre la superficie y el espacio. La palabra agujero induce a confusión, y no es un nombre adecuado, porque en realidad lo que se produce es un adelgazamiento en la capa de ozono, sin que llegue a producirse una falta total del mismo.
En la Antártida está comprobado que cada primavera antártica se produce una gran destrucción de ozono, de un 50% o más del que existe en la zona, formándose un agujero.
Los niveles normales de ozono en esta zona son de 300 DU y suele descender hasta las 150 DU, habiendo llegado, en los momentos más extremos de destrucción de ozono, a disminuir hasta las 100 DU.
[5] Bibliografía consultada: "Ciencias de la Tierra y del Medio Ambiente", 1998 Ed. Teide , autor : Luis Echarri, cuya versión electrónica está en: http://www.tecnun.es/Asignaturas/ecologia/Hipertexto/00General/Principal.html
Así mismo, Daintith John. A Dictionary of Science. Oxford University Press, USA. 2005

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