El 27 de octubre de 1502 fue reconocida también como heredera de la Corona de Aragón (muy a regañadientes por la famosa ley sálica imperante).
Juana debió presidir las Cortes debido a la ausencia de Fernando quien partió hacia Zaragoza[1]. Estaba embarazada, cuando Felipe decide partir hacia los países bajos y a pesar de la insistencia de ella por acompañarlo[2], tuvo que quedarse.
Al partir Felipe[3], Juana de Castilla se sumió en la más honda melancolía (o tal vez fuera mejor decir, crisis nerviosa…no se, pero dicen los expertos que las dos situaciones tienen similitudes y pueden presagiar la famosa esquizofrenia). El archiduque de Austria marcha, pues, seguido de su brillante y numerosa comitiva de flamencos, pasando por Francia y entrevistándose con Luis XII con el ánimo de arreglar las diferencias existentes entre ambos países y concertando el Tratado de Lyon (1503), que Fernando V no quiso reconocer, agriándose aún más las relaciones entre suegro y yerno respectivamente.
El 10 de marzo de 1503 nace en Alcalá de Henares el cuarto hijo, segundo varón, de Juana de Trastámara, al que llamó Fernando. Parece ser que a la normal depresión postparto en que se sumen las madres, se agregan ya los primeros síntomas de desordenes mentales en la Infanta. Su obcecación era tal que pesar de todas las trabas puestas para su partida por sus padres, decide irse aun sin el consentimiento de ellos. Estando Juana en Medina del Campo, Isabel de Castilla ordena que no se le permita salir del castillo de la Mota, donde se hallaba alojada. «Como leona africana en un acceso de rabia, pasó aquella noche a cielo raso en la explanada interior de la fortaleza». No accede Juana a calmarse, debiendo marchar Isabel, su madre, desde Segovia hasta donde ella se encontraba. «Y aunque le envié a decir que yo venía a posar con ella, rogándole que se volviera a su aposentamiento, no quiso volver ni dar lugar que aderezasen el aposentamiento hasta que yo vine y la metí. Y entonces ella me habló tan reciamente, de palabras de tanto desacatamiento y tan fuera de lo que una hija debe decir a su madre, que si yo no tuviera la disposición en que ella estaba, yo no las sufriera en ninguna manera».
Es a partir de este momento que a Juana se le conocerá con el mote de «la loca».[4]
[1] Inicialmente Fernando el Católico dijo a Felipe que condujera tales cortes, pero al parecer se tratarían temas concernientes a acciones contra los franceses y se abstuvo.
[2] Algo muy riesgoso porque debían atravesar Francia que estaba enfrentada a Aragón y podía ser usada como rehén y además su estado de embarazo desaconsejaba dicho viaje.
[3] Felipe I no amaba a su esposa (que en cambio estaba perdidamente enamorada de él), ni sentía el menor afecto por sus suegros, ni siquiera por el país donde habría de reinar.
[4] Bibliografia consultada :
Enciclopedia Universal Ilustrada europeo americana. Espasa Calpe SA Madrid 1979.
Cantalapiedra Luis. Juana la Loca Reina de España. Mujeres en la historia. Edimat Libros S.A., Madrid. ISBN 84-9764-746-7










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