29/11/08

Intimidad 2001

Intimidad, Intimacy en inglés, es una película del año 2001 del director Patrice Chéreau, donde dos seres solitarios se mueven en el desorden, el vacío y el hastío, de un mundo de locos donde el inmediatismo, la desesperanza y el desconsuelo están a la orden del día.
Dos seres urgidos de pasión y de ternura coinciden en el paroxismo sexual: “si dos se besan/ el mundo cambia, encarnan los deseos, / el pensamiento encarna, brotan alas / en las espaldas del esclavo, / el mundo es real y tangible…amar es combatir, es abrir puertas, / dejar de ser fantasma con un número/ a perpetua cadena condenado/ por un amor sin rostro.”[1] Saben los dos que no hay futuro o sencillamente cierran los ojos ante la posibilidad fáctica de uno.
Sin mediar palabras follan como locos; la urgencia los precipita reiteradamente al suelo, como simbolismo posiblemente de la semilla que se entierra con la ilusión de verla germinar en planta, como habitáculo último de aquello que representó, deseo.
Pero mientras unos asumen su rol sexual en la intimidad como el culmen de su entrega, nuestros personajes hacen el amor porque relaja sus defensas, porque los libera de sus pesados grillos, ese marasmo donde el trabajo ni el dinero colma, donde la rutina asfixia y nos apalea a la huída.
“Ver duele/ El cielo es otro abismo más alto”…dice nuestro poeta citado; pues nuestros protagonistas van a contravía; el uno vive de noche, trabaja de noche y es victima de los insomnios más delirantes, recurre a la música[2], al cigarrillo y a la cerveza como un doping a su vacuidad; ella en cambio, vive una relación rígida con un taxista en tanto aguarda la oportunidad como actriz de teatro que la catapulte a otros niveles.
El comienzo de su relación es solo de papilas, dermis ultrasensible, sentidos aguzados y silencios; si bien es cierto el conocimiento es poder, aquí nadie quiere saber porque el poder no les interesa, solo piden el momento. Los críticos se espantan: es sexo sin anestesia, dicen. No se les ocurre pensar que el sexo también es un lenguaje, que comunica más de lo que desean, que detrás de dos seres que se agitan y experimentan un orgasmo hay vivencias, dolores, traumas. El buen sexo no siempre implica amor ni exige que medien palabras; el buen sexo solo exige disposición y entrega.
Intimidad es efectivamente, una película de suspenso y miedo, donde la piel es solo una disculpa para relatar el frío y escarbar en pozos negros y profundos. No fue gratis que Intimidad haya ganado el Oso de oro como la mejor película del festival de Berlín, 2001.
Ver también: the dreamers, El último tango en París
[1] Paz Octavio. Del poema “Piedra del sol”.
[2] La música llena vacíos o diluye tristezas, depende la dosis.

1 comentarios, comments:

Vizarro Man dijo...

literalmente me imagine cada escena, excelente narrativa, saludoss!!