La historia del sexo en la antigua Roma, o al menos durante la época del Imperio romano está salpicada de curioso apuntes.
Empecemos hablando de los piercing entre los esclavos; sí, como lee, a los pobres servidores se les ponía un gran pasador o una anilla en el prepucio para que no sostuvieran relaciones sexuales con amas, hijas e inclusive con las esclavas. Luego suponemos que juzgaban esto como muy normal.
El derecho Romano aseveraba que una mujer a los 12 años ya era oficialmente matrona, es decir una esposa honorable con todas las prebendas. La idea era que las relaciones sexuales precoces ayudaran a la niña a llegar a su pubertad (a los 14 años estipulaban ellos) y a regular sus ciclos menstruales. No era raro por tanto que en Roma, una niña de 9 años en adelante ya estuviera casada y desflorada.
En tanto algunos de nosotros jugamos al sexo aplicando el coitus interruptus, en la antigua Roma se desaconsejaba porque retener la eyaculación al final del coito, perjudicaba los riñones y la vejiga.
El sexo en Roma tenía sus matices simpáticos. Por ejemplo, se pensaba que literalmente la matriz[1] absorbía el semen después de tener sexo. Entonces las damas involucradas en estas peripecias físicas, se levantaban rápidamente para evitar tal absorción o, corrían a lavarse las partes íntimas.
Pero las costumbres sexuales de Roma legaron también otros interesantes apuntes a la historia de la humanidad[2]. ¿Sabía usted que el verbo testificar proviene de allí? Claro, los romanos juraban decir la verdad, tomándose los testículos con la mano derecha.
Ahora bien, a algunos lo prohibido les es muy, muy llamativo, dígalo sino Calígula, que se acostaba con sus tres hermanas: Livila, Agripina y Drusila. Dos de ellas además hacían parte del burdel imperial que estaba ubicado junto al palacio.
El aborto entre los romanos era penalizado siempre y cuando muriese la mujer embarazada. Luego si el aborto era un “éxito”, no pasaba nada. La dama quedaba lista para el otro embarazo. Pero si fracasaba por intervención quirúrgica o mecánica, se consideraba asesinato; si moría la paciente por ingerir una pócima, era envenenamiento y por tanto un crimen.
Quien habría de reglamentar la prostitución en Roma fue Marco Aurelio quien les exigía una suerte de licencia de funcionamiento, serían vigiladas por los censores públicos[3] (cuantos no cobrarían a sus vigiladas, favores en especie) y estos les cobrarían un impuesto diario equivalente a la octava parte de sus ganancias.[4]
En Roma, si las damas usaban velo, decían implícitamente a todo el que se encontrara: “dama distinguida, no propasarse o atenerse a las sanciones”. Mujer que anduviera con su cabeza destapada no estaba protegida por las leyes de posibles agresores. Durante la República, inclusive sus esposos podían divorciarse si ellas salían a la calle sin velo.
Para los romanos el matrimonio no tenía otro fin que la procreación, generalmente entre las libres, el número de hijos promedio (recomendado) eran tres.
Siguen los apuntes picarescos del sexo en Roma. Durante el tiempo de Augusto, las viudas no debían pasar más de un año sin marido y las divorciadas tan solo seis meses.
Habían entre los latinos tres tipos de beso: el osculum que se daba en la mejilla, el basium, en los labios, y, el suavem que era el tipo de besos que solo se daban los amantes.
Para no transgredir el decreto que prohibía ejecutar mujeres vírgenes, Tiberio ordenaba que los verdugos las violasen antes de hacer justicia. Este mismo emperador se aprovechaba sexualmente de las ajusticiadas más bonitas, la noche previa a su ejecución, fueran o no vírgenes, y era de los que disfrutaba ver cómo torturaban a los presos golpeándolos en el pene.
Entre las clases altas y desde tiempos de la República, las comprensivas damas no le veían reparo a que sus cónyuges se entretuvieran con jovencitas, es más, ellas mismas le buscaban las amantes para sus maridos. Por ejemplo Livia, le buscaba vírgenes a su amado esposo.
El término fornicar, viene del latín fornice, que significa curvatura interior de un arco, aludiendo a los noble servicios que prestaban las lupae.
En la estricta Roma Republicana las mujeres no se empelotaban completamente delante de sus esposos y solamente tenían sexo con ellos en la noche o sitios oscuros.
Y por último, no olvidemos que Mesalina, esposa de Claudio, tenía bastante reputación creada y experiencia con la guardia del palacio. [5]
Ver también: sexo en la antigua Grecia, sexo en el antiguo Egipto
[1] Como si fuera poco los médicos creían que la matriz era una víscera más y hasta le recetaban vomitivos a la misma para curar sus males.
[2] Fueron ellos también los primeros en llamar al extremo del pene, glande, que quería decir, bellota.
[3] Como los famosos Chulos.
[4] En la época de Trajano habían unas 30.000 prostitutas censadas que vivían en las afueras de la ciudad.
En la Roma antigua, habían varias clases de busconas: las meretrices, que estaban registradas en las listas públicas y pagaban impuestos; las prostibulae que accionaban clandestinamente para evadir impuestos; las ambulatarae, que lo daban en la calle o en el circo (es decir prestaban el servicio, no el impuesto); las lupae, que esperaban a sus clientes bajo los arcos y puentes; las dorae que iban desnudas, mostrando sus virtudes (hombre, el que exhibe, vende); las bustuariae, que entregaban el servicio en los cementerios; las noctilidae que únicamente laboraban en las noches, las famosae, o sea las hijas de familias adineradas que se metían a este oficio (¿alguna similitud sonora entre famosae y famosas?)y, por último estaban las copae, que atendían en tabernas y bares.
[5] Bibliografia consultada:
El sexo y el amor en la historia. Suplemento de la revista Muy Interesante No 278, Mayo del 2004. G y J ediciones, Madrid.
Empecemos hablando de los piercing entre los esclavos; sí, como lee, a los pobres servidores se les ponía un gran pasador o una anilla en el prepucio para que no sostuvieran relaciones sexuales con amas, hijas e inclusive con las esclavas. Luego suponemos que juzgaban esto como muy normal.
El derecho Romano aseveraba que una mujer a los 12 años ya era oficialmente matrona, es decir una esposa honorable con todas las prebendas. La idea era que las relaciones sexuales precoces ayudaran a la niña a llegar a su pubertad (a los 14 años estipulaban ellos) y a regular sus ciclos menstruales. No era raro por tanto que en Roma, una niña de 9 años en adelante ya estuviera casada y desflorada.
En tanto algunos de nosotros jugamos al sexo aplicando el coitus interruptus, en la antigua Roma se desaconsejaba porque retener la eyaculación al final del coito, perjudicaba los riñones y la vejiga.
El sexo en Roma tenía sus matices simpáticos. Por ejemplo, se pensaba que literalmente la matriz[1] absorbía el semen después de tener sexo. Entonces las damas involucradas en estas peripecias físicas, se levantaban rápidamente para evitar tal absorción o, corrían a lavarse las partes íntimas.
Pero las costumbres sexuales de Roma legaron también otros interesantes apuntes a la historia de la humanidad[2]. ¿Sabía usted que el verbo testificar proviene de allí? Claro, los romanos juraban decir la verdad, tomándose los testículos con la mano derecha.
Ahora bien, a algunos lo prohibido les es muy, muy llamativo, dígalo sino Calígula, que se acostaba con sus tres hermanas: Livila, Agripina y Drusila. Dos de ellas además hacían parte del burdel imperial que estaba ubicado junto al palacio.
El aborto entre los romanos era penalizado siempre y cuando muriese la mujer embarazada. Luego si el aborto era un “éxito”, no pasaba nada. La dama quedaba lista para el otro embarazo. Pero si fracasaba por intervención quirúrgica o mecánica, se consideraba asesinato; si moría la paciente por ingerir una pócima, era envenenamiento y por tanto un crimen.
Quien habría de reglamentar la prostitución en Roma fue Marco Aurelio quien les exigía una suerte de licencia de funcionamiento, serían vigiladas por los censores públicos[3] (cuantos no cobrarían a sus vigiladas, favores en especie) y estos les cobrarían un impuesto diario equivalente a la octava parte de sus ganancias.[4]
En Roma, si las damas usaban velo, decían implícitamente a todo el que se encontrara: “dama distinguida, no propasarse o atenerse a las sanciones”. Mujer que anduviera con su cabeza destapada no estaba protegida por las leyes de posibles agresores. Durante la República, inclusive sus esposos podían divorciarse si ellas salían a la calle sin velo.
Para los romanos el matrimonio no tenía otro fin que la procreación, generalmente entre las libres, el número de hijos promedio (recomendado) eran tres.
Siguen los apuntes picarescos del sexo en Roma. Durante el tiempo de Augusto, las viudas no debían pasar más de un año sin marido y las divorciadas tan solo seis meses.
Habían entre los latinos tres tipos de beso: el osculum que se daba en la mejilla, el basium, en los labios, y, el suavem que era el tipo de besos que solo se daban los amantes.
Para no transgredir el decreto que prohibía ejecutar mujeres vírgenes, Tiberio ordenaba que los verdugos las violasen antes de hacer justicia. Este mismo emperador se aprovechaba sexualmente de las ajusticiadas más bonitas, la noche previa a su ejecución, fueran o no vírgenes, y era de los que disfrutaba ver cómo torturaban a los presos golpeándolos en el pene.
Entre las clases altas y desde tiempos de la República, las comprensivas damas no le veían reparo a que sus cónyuges se entretuvieran con jovencitas, es más, ellas mismas le buscaban las amantes para sus maridos. Por ejemplo Livia, le buscaba vírgenes a su amado esposo.
El término fornicar, viene del latín fornice, que significa curvatura interior de un arco, aludiendo a los noble servicios que prestaban las lupae.
En la estricta Roma Republicana las mujeres no se empelotaban completamente delante de sus esposos y solamente tenían sexo con ellos en la noche o sitios oscuros.
Y por último, no olvidemos que Mesalina, esposa de Claudio, tenía bastante reputación creada y experiencia con la guardia del palacio. [5]
Ver también: sexo en la antigua Grecia, sexo en el antiguo Egipto
[1] Como si fuera poco los médicos creían que la matriz era una víscera más y hasta le recetaban vomitivos a la misma para curar sus males.
[2] Fueron ellos también los primeros en llamar al extremo del pene, glande, que quería decir, bellota.
[3] Como los famosos Chulos.
[4] En la época de Trajano habían unas 30.000 prostitutas censadas que vivían en las afueras de la ciudad.
En la Roma antigua, habían varias clases de busconas: las meretrices, que estaban registradas en las listas públicas y pagaban impuestos; las prostibulae que accionaban clandestinamente para evadir impuestos; las ambulatarae, que lo daban en la calle o en el circo (es decir prestaban el servicio, no el impuesto); las lupae, que esperaban a sus clientes bajo los arcos y puentes; las dorae que iban desnudas, mostrando sus virtudes (hombre, el que exhibe, vende); las bustuariae, que entregaban el servicio en los cementerios; las noctilidae que únicamente laboraban en las noches, las famosae, o sea las hijas de familias adineradas que se metían a este oficio (¿alguna similitud sonora entre famosae y famosas?)y, por último estaban las copae, que atendían en tabernas y bares.
[5] Bibliografia consultada:
El sexo y el amor en la historia. Suplemento de la revista Muy Interesante No 278, Mayo del 2004. G y J ediciones, Madrid.




1 comentarios, comments:
mmmmm..... ventajas y desventajas, muy interesante, saludosss!!
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