jueves 24 de abril de 2008

JUDAISMO, ANTIGUO TESTAMENTO

«Otro problema que plantea la mayor parte de la historia, y en especial la antigua, es que las fuentes escritas son tendenciosas a favor de quienes tuvieron la posibilidad de crearlas. La mayor parte de las veces éstos son los ricos y poderosos, que legan inscripciones en piedra y metal».[1]

Esta es una recopilación de textos pensando en entender qué se proponían los redactores del Antiguo Testamento, cuyos textos, según demostraremos, en términos globales, están viciados de manipulación ideológica por parte de la clase gobernante. Pero la discusión va más allá de esto. Se sabía, desde mucho antes, de la costumbre de manipular los escritos con algún propósito. Es común encontrar, en el seno de las literaturas egipcias[2], griegas y romanas, sendas falsificaciones y tergiversaciones de la información, reformas y anexiones posteriores, seudo-epígrafes[3] y demás canalladas literarias.
En el caso puntal de las escrituras sagradas de los judíos, tradicionalmente se asumieron como ciertas, pero gracias a la profundización de los estudios comparativos, del hallazgo de manuscritos y del interés general de los estudiosos por establecer la certeza de los hechos, nos cercioramos de una cantidad de dislates y «mejoras», incorporados a los textos bíblicos. La credulidad de las masas no legitima que la falsificación sea lícita. Así la costumbre fuera “apadrinar” y escudarse bajo nombres de reputación conocida, ocultando el nombre propio, para lograr difusión y autoridad de las ideas divulgadas. ¿Cómo descubrirlas? Fijándonos en motivos y tendencias extra literarias, testimonios, en el estudio crítico del lenguaje, el estilo y la composición. Como táctica de dilación y confusión, generalmente en las falsificaciones se mezclan verosimilitudes con engaños. Las justificaciones tras las cuales se escudan quienes recurren a estos artificios y componendas, van desde la simple codicia de dinero o fama, hasta apologías filosóficas, étnicas y políticas, entre otras.
El término “Antiguo Testamento”[4] fue acuñado por Pablo en 2 de Corintios 3:14, cuando habla de la vieja alianza o pacto (acuerdo entre dos, bajo estipulaciones obligatorias entre ambas partes): «Pero el entendimiento de ellos se embotó, porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el velo sin descorrer…» (RV 95).
Se menciona el vocablo alianza entre la divinidad y el pueblo hebreo, poniendo de manifiesto su semejanza con la voluntad de acuerdo entre dos entes jurídicos, políticos o sociales, quienes elaboran un compromiso por escrito. (Lo extraño es una relación de alianza entre un pueblo y su divinidad, obedeciendo a una reciprocidad manifiesta).

Entre los pobladores previos a los hebreos se acostumbraba pasar a las partes contratantes entre las dos mitades de un animal sacrificado. Ver Génesis 15 y percíbase que allí Abraham sella su alianza con la divinidad de esta manera. Jeremías 34:18 anuncia que Dios castigará a quienes han violado su alianza «degollando y dividiendo en dos partes el becerro y pasando después por en medio de ellas» (TE- 2000).
En Éxodo 24: 4-8, se narra cómo al pie de la montaña de Dios, Moisés rocía al pueblo con la mitad de la sangre de una víctima, y a un altar que representaría a YHWH).

Creímos durante bastante tiempo que esta alianza tomaba como modelos los tratados hititas entre soberanos y vasallos (siglos XIV al XII a.C.), los tratados asirios de Asarhaddon y los tratos arameos de Sfira-Sudjin. El esquema genérico de estos era así: El soberano se presenta con su nombre y títulos; resume la historia de sus relaciones con el vasallo y los favores prestados; se le impone al súbdito las cláusulas convenientes (que incluyen desde cuestiones territoriales, extradición de fugitivos, ayuda militar, fidelidad a la Dinastía, la conservación de la tablilla donde se escriba el tratado y su ulterior lectura en sitio público, etc.). Se invocan los dioses de las partes y se citan como testigos y, terminan con las respectivas bendiciones de cumplirse el acuerdo o de las maldiciones de rigor para los transgresores. Toda la descendencia del siervo está comprometida en el trato.
Analizando detenidamente los pasajes referentes a esta alianza, en Éxodo 19-34 se podría concluir que esta figura jurídica de alianza fue una formulación teológica desarrollada, creación de los deuteronomistas, posterior al siglo VI a.C.

Resumamos a continuación el proceso por el cual se aceptó el canon actual, de los libros reconocidos oficialmente como Antiguo Testamento, labor que nunca ha sido fácil ni alrededor de la cual ha habido unanimidad de conceptos, aun a pesar de considerarse de inspiración divina el bloque de textos. Pareciera como si el Señor nublara sus mentes para no percibir en consenso su mensaje. Anticipamos que los rollos y manuscritos de Qumram y del mar muerto son las copias más antiguas disponibles del AT (100 a.C.), que, a su vez, fueron descubiertas en la década de los 70.

Los judíos helenizados recopilaron su propia versión del Antiguo Testamento, la Septuaguinta (LXX), la versión de los Setenta, labor comisionada por el faraón Ptolomeo II Filadelfo[5], quien mandó a Alejandría 72 traductores de Jerusalén (seis ancianos de cada tribu) para volcar el texto al griego, dialecto alejandrino, el idioma universal de la época helenística (es la versión trasmitida; hoy deducimos que debieron ser traductores alejandrinos por el profundo conocimiento de la lengua griega que mostraban[6]). Esta traducción nace de la necesidad de la creciente comunidad judía de Alejandría que incorporaba prosélitos (“agregados”) de otras razas diferentes a la hebrea que no entendían el hebreo ni el arameo. La cantidad de libros aprobada superaba los 39.
Mientras tanto, varios siglos después los judíos palestinianos reconocieron como verdaderos, en el Concilio de Jabne[7] (Yavne o Jamnia, del 90 al 100 d.C.; una ciudad cercana a Yafo, la actual Tel-Aviv)[8], solo 24 libros, igual que las letras de su alfabeto (y mandaron a quemar las copias que no concordaban con su dictamen).Para ellos el texto original del Antiguo Testamento era el hebreo, el único con autoridad.
Desde el 150 a.C. y hasta el 200 de la era cristiana, la labor de exégesis bíblica recaía en la interpretación rabínica (tradición de los fariseos[9]), liderados por los tannaim, maestros o intérpretes académicos que heredaron a la posteridad la Mishna (son la expresión de la Torá oral), que son los escritos de las enseñanzas orales de sus maestros, agrupados en seis grandes temas, que nominalmente cobijaba todo el sistema religioso y legal del judaísmo: semillas/zeraim, festivales/moed, mujer/nashim, accidentes/nezikim, asuntos sagrados/kodashim, asuntos limpios/toharot.
Desde el año 200 y hasta el 500 (EC) la exégesis bíblica se ciñó a comentar la Mishna (Gemara), recopilándose dos grandes volúmenes, el Talmud de Palestina y el Talmud babilónico. Pero también hubo comentarios al texto bíblico y fueron cobijados por el midrash o midrashim. Exponentes de ello son los Midrashim tannaíticos escritos en la segunda mitad del siglo III, como son: Mekhilta de R. Ismael (comentario del Éxodo); Sifrá al Levítico; Sifré a Números y a Deuteronomio.
Año 500 de la era cristiana: hasta ese momento los manuscritos no poseían vocales ni división de versos o capítulos. Es ahí cuando los escribas comienzan a añadir vocales y breves comentarios al margen o Masorá. Una familia de escribas masoretas, la de de Ben Asher, completó un manuscrito del AT en el 900 de la era cristiana, siendo conocida esta Biblia hebrea con el nombre de Texto masorético o abreviado TM.

Pero la Iglesia Católica en tanto religión oficial del mundo occidental durante mucho tiempo, había estipulado una nomenclatura donde sesgaba los escritos en dos: los protocanónicos (de los que nunca se ha discutido su autenticidad) y los deuterocanónicos (cuya inspiración alguna vez se puso en duda); en el año de 1.548 recogió en total 48 libros, dentro de ellos Tobías, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, Macabeos I y II.[10]
De todas formas, si el mismo Pentateuco es un pseudo-epígrafe y muchos de libros aceptados como canónicos son en realidad de autores anónimos que con el paso de los años se atribuyeron a figuras históricas, entonces, la presunta canonicidad o verdad revelada a unos pocos, es mero artificio de humanos para humanos, y, entonces, poseerán tanta validez los apócrifos y los textos “oficiales”, como los poemas míticos de las culturas de la cuenca Mediterránea. La divinidad es buscada con ímpetu y anhelo en todas las latitudes y épocas, en todos los rincones se escuchan voces de elegidos y enviados, perfectamente admisibles como pueden ser los de los hebreos. ¿O hay alguna explicación lógica para que haya habido revelación en un tiempo y en un espacio concreto y en los demás no? ¿Eran divinidades geográficas acaso que excluían a los demás pueblos? ¿Reflejo del egoísmo filosófico y político de sus escribas? En caso de coincidir en la creencia en un ser supremo, todopoderoso, principio y fin de todas las realidades, sería por excelencia universal, atemporal y dado a comunicarse con sus gobernados. Bajo esta premisa, resulta sensato incorporar como verdad, lo dicho en las traducciones arameas de la Biblia y los esfuerzos de interpretación de la literatura rabínica.
En fin, a grosso modo, dentro de los textos del Antiguo Testamento, coexisten varias tendencias historiográficas: la historiografía épico-sacral, que cuenta las sagas de los héroes militares, tiende a exagerar los datos y están obsesionados con los milagros –intervención divina directa-; la historiografía profana donde lisa y llanamente los hombres deciden su suerte sin notorias intervenciones de Dios; la historiografía teológico-religiosa, donde los escribientes no tienen una clara vocación histórica tal como la aceptamos nosotros sino que su intencionalidad es teológica, con una moral que sentar, con un mensaje que transmitir, supeditando los sucesos a sus ideas y llegando a tergiversar los mismos en la consecución de sus propósitos.
En últimas su misión recopilatoria se reduce a registrar un acuerdo teocrático por excelencia, donde la divinidad recurre a un intermediario para “negociar” con su pueblo, que se reconocía escogido.

Del mismo modo no obsta puntualizar que en las tradiciones orales de los patriarcas (y en toda la literatura oriental respecto sus orígenes) a veces las escenas se perciben netamente individuales pero en otras se personifica a comunidades, «hasta el punto de tomárseles a veces por divinidades epónimas antropomorfas.»[11]
Pero la cosa se complica un poco, los personajes a veces son compuestos del individuo considerado y sus descendientes varones, que era una forma de preservar la vida y realeza de un padre; solo así se preservaría una “Dinastía”. O también, sus nombres englobarían un título que abarcaría varias generaciones.
Ahora bien, la concepción histórica circular (que se repite) invadió la redacción de los textos, asimilándose un rey, no a continuación de su inmediato predecesor, sino como segundas venidas de antepasados notorios (y algunas veces de divinidades precedentes). Dentro de la filosofía egipcia corresponde a Neheh; concepto contrapuesto a djet, tiempo suspendido. Solamente los dioses viven el tiempo lineal, es decir, son capaces de producir algo nuevo y duradero, digno de repetirse y recordarse. A los humanos nos quedaba únicamente el recurso de rellenar estos vacíos con emulaciones del modelo sagrado.
Es la lógica seguida por las listas de reyes, dinastías y demás, desarrollan variaciones sobre el mismo tema primigenio.
La Biblia transmite este pensamiento, así: « ¿Qué es lo que ha sido? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que se ha hecho? Lo mismo que se ha de hacer. Nada es nuevo en este mundo; ni puede nadie decir: He aquí una cosa nueva; porque ya existió en los siglos anteriores a nosotros.» (Eclesiastés 1:9-10, TE- 2000)

Tengamos en cuenta, además, que las prosaicas biografías de los seres humanos y el común y corriente devenir se tienden a olvidar colectivamente en breve, que las tradiciones orales «enriquecen» y fijan con clichés los hechos diarios para heredarlos a la memoria. Es un laborioso proceso de mitificación (conversión del sujeto en héroe; del arduo, sudoroso y sangriento triunfo de guerreros anónimos en una intervención divina inobjetable) y re-interpretación histórica, a la luz de los modelos «celestiales».
Pero ¿la Biblia a su vez no se documentaría en otras fuentes? Se citan los siguientes libros, de los que no poseemos copias:[12]

a. El libro de las generaciones de Adán(Génesis 5:1)
b. El libro de la alianza (Éxodo 24:7)
c. El libro de las guerras del Señor (Números 21:14)
d. El libro de Jaser o de los Justos (Josué 10:13, 2 de Samuel 1:18)
e. El libro de la Ley de Dios (Josué 24:26)
f. El libro de los hechos de Salomón (1 de Reyes 11:41)
g. El libro de las Crónicas de los reyes de Israel (1 de Reyes 14:19)
h. El libro de las Crónicas de los reyes de Judá (1 de Reyes 14:29)
i. El libro de los reyes de Judá e Israel (1 de Crónicas 9:1)
j. El libro de Samuel el Vidente (1 de Crónicas 29:29)
k. El libro de Natán el profeta (1 de Crónicas 29:29; 2 de Crónicas 9:29)
l. Profecías de Ahfas, el silonita (2 de Crónicas 9:29)
m. Visiones de Iddo, el vidente (2 de Crónicas 9:29)
n. El libro de Gad, el vidente(1 de Crónicas 29:29)
o. El libro de Semeías, el profeta (2 de Crónicas 12:15)
p. Historia del profeta Iddo (2 de Crónicas 13:22).

A nivel de historicidad, ¿Qué tan acertada es la secuencia bíblica? ¿Es fiable como fuente primaria? ¿Con que criterio debe ser abordada?
Se principia aseverando que históricamente la Biblia no es una secuencia cronológica exacta, ni un manual preciso de la evolución espiritual del pueblo hebreo; en sus glosas y parábolas, bellas metáforas y poéticas alusiones a la divinidad, hemos de conceptuar una sencilla creencia que junta tradiciones orales nacionales varias y las acomoda a su circunstancia, que desdeñando lustros y centurias quizás, hilvana su odisea con fines morales y pedagógicos, durante casi un milenio. Es la historia nacional que pretende relacionar la prehistoria y la historia de la humanidad con la suya propia.
Pero a pesar de este limitante, la usaremos como una de los referentes de su historia religiosa[13], intentando determinar la fecha de los textos, recurriendo a fuentes externas, de tal forma que nos permitan explicar en su contexto histórico los datos religiosos que ellos dan.

Antes de proceder, a desarrollar nuestro ejercicio racional, nos cuestionamos, ¿Por qué contar el pasado?, acaso estos pueblos del medio oriente tuvieran como acicate primordial, para heredarnos sus escritos, la propaganda política, fines didácticos, la exaltación de ciertos héroes, etc. Dentro del libro sagrado de los judíos se atisban trazas de estos motivantes. Fue escrito por autores anónimos empleando fuentes distintas pero la idea pivotante e hilvanadora, es la preponderancia de Yahvé como Dios, no definiendo un monoteísmo con exactitud pero sí asumiendo la supremacía de dicho Ser, que los subordinaba y a los cuales Israel ha de mantenerse fiel.

A tener en cuenta: en los géneros literarios empleados, hay discursos, oraciones, documentos, narraciones poéticas y narraciones históricas. A la hora de abordar cada género, conviene adoptar posturas distintas; por ejemplo, al mencionar discursos tengamos en cuenta que no había en la época grabadoras, filmadoras ni procedimientos de taquigrafía, que la tradición oral enriquecía los mismos y que el paso del tiempo se encargaba de los demás, o sea que posiblemente gran parte de lo dicho lo inventan los redactores del libro, a la usanza de Tucínides.

Esta religión de la que nos vamos a ocupar, legó a nuestra civilización no solo su concepto de divinidad, sino el monoteísmo, el culto (descartando la parte helenizada del mismo), los rituales de maldición y excomunión, las legiones de ángeles (aceptadas por nuestros jerarcas solo después del siglo IV, por reconocer en ellas atisbos de politeísmo), la imposición de manos, los días de ayuno y las sagradas escrituras hebreas, etc. Los cristianos copiaron de esta raza maltrecha y orgullosa su jerarquía eclesiástica y en términos genéricos, una gran parte de la moral cristiana es judaica, aunque esta paternidad les haya dolido dos mil años, a los también soberbios e intolerantes pueblos occidentales. Legaron también a occidente normas de derecho y de teoría política.
Dentro de este estudio le daremos una gran acogida a los datos de la arqueología[14] Sirio-Palestina, para saber el real devenir de los pueblos que posteriormente han de llamarse israelitas o judíos, y, desde la perspectiva científica, confeccionar sus efemérides.

La cultura judía y sus raíces

¿De dónde surgió esta cultura[15]? ¿Cómo se ajustan los planteamientos patrísticos dentro de la evolución del pensamiento occidental? ¿En qué medida son originales sus aseveraciones? ¿Cuándo superan la simple literatura mítico-poética y avanzan a secuencias históricas fehacientes? ¿Cómo se diferencia su teología de la de sus vecinos geográficos y ascendientes espirituales?
Recordemos que su espacio geográfico estaba a mitad de camino entre dos grandes colosos de la civilización desde el 3.000 a.C.[16]: las culturas sumeria y egipcia.
Traigamos a colación que generalmente las victorias militares y el comercio se encargan de propagar ideas entre los pueblos vecinos y que los grupos humanos menos desarrollados, fruto de la admiración y ganas de aprender de los más avanzados, asimilaban sus leyendas y relatos, sus concepciones religiosas, sus intentos de explicación cosmogónica y de alguna forma los adaptaban a sus necesidades. Y como los hebreos, en la época Sumeria, ni existían aun como etnia diferenciada, sus antecesores, los cananeos, sí fueron permeados por los ideales sumerio-babilónicos.
La civilización mesopotámica antecede temporal, filosófica y religiosamente a la doctrina judía, influyéndola en sus mismos orígenes, cosa que la civilización Egipcia únicamente vino a hacer, en profundidad hacia el 1.800-1.300 a.C. aproximadamente. Pero existen influencias tardía en la sublimación de su doctrina, y estas provienen de mitologías y cosmologías griegas, posteriores al siglo VIII, así como a la religión de Aura Mazda y su profeta Zoroastro a partir del 600 a.C. aproximadamente y, es clave tenerla en cuenta a la hora de configurar sus antecedentes. Estos cananeos eran invasores semitas instalados en Palestina desde el 3.000 hasta el 1.200 a.C. aproximadamente. Debilitados por sus rivalidades, los estados cananeos del interior no resistieron ante los invasores israelitas a pesar de que su civilización era superior. Al menos eso se creía hasta hace poco; ahora sabemos que debido a su decadencia intrínseca, los hebreos se aposentaron en sus inmediaciones.

No obsta advertir que viciar de difusionismo y privar de su particularidad a la religión israelita, como eco de las religiones adyacentes tampoco es acertado. La gran virtud de dicha religión ha sido el sentido de identidad nacional, coincidiendo tal fervor con la pasión por un dios que garantiza la prosperidad y la seguridad de su pueblo, que se ve amenazado por otras naciones. Producto de tal inferencia, resulta el exclusivismo, la peculiaridad de instituciones, costumbres y ritos[17], característicos de Israel en su intento de mantenerse aparte de los demás países y destacarse como diferente. Dicho en palabras de un celebérrimo filósofo alemán: «…los judíos, ese pueblo sacerdotal, que no ha sabido tomar satisfacción de sus enemigos y dominadores más que con una radical transvaloración de los valores propios de éstos, es decir, por un acto de la más espiritual venganza…»[18]

Que la tradición judeocristiana sometió a los pensares politeístas, propagando su monoteísmo[19], estableciendo su monomitismo y unificando su versión de los hechos, hace parte del artificio de la historia contada por los vencedores, pero no es sino una arista de este axioma. (Aclaramos de paso, que el término Vencedores se podría poner en tela de juicio. Es usado aquí como un fenómeno cultural que ha trascendido los siglos, ya que haciendo honor a los sucesos cronológicos reales, los judíos, cuando conjeturaron su cúmulo de creencias, fueron política y militarmente derrotados.)[20]
Este procedimiento (el de gestar una corriente religiosa unificada a partir de diversas formas politeístas) siguió un desarrollo que conviene dilucidar: los politeísmos conciben dioses semejantes por sus peculiaridades y funcionalismos, así discrepen en los nombres debido a la diferencia de los lenguajes y sus imágenes y formas de culto tampoco concuerden; ellos, los más relevantes, poseen significancia cósmica, una base común. Pero la distinción mosaica partió en dos este lenguaje común entre los pueblos, al rechazar lo anterior a su existencia y motejar de paganos lo que existiera por fuera de ella, rompiendo los vasos comunicantes que permitían establecer diálogos y acercamientos con las otras religiones. Ya no había tal cuento de divinidades en común, los dioses ajenos son falsos (¡y pensar que el suyo propio surgió de este dialogo continuo entre religiosidades y conceptos metafísicos!)
Egipto representa lo indeseable e incorrecto[21] y lo primero a atacar es su predilección por la llamada idolatría -el mayor de los pecados egipcios, una suerte de locura o demencia- y subproducto de tal prioridad se prohíbe a los suyos tener otros dioses -¡no al politeísmo fecundo de sus antepasados!- y fabricar imágenes para rendirles culto (el abstracto dios universal único deducido por sus cabecillas, es invisible e irrepresentable por iconografías).
Se impone la figura de Moisés (un personaje inexistente en fuentes históricas fiables, alternas al texto sagrado-la tradición-), un enigmático líder educado en la cultura egipcia ,cuyo precursor inobjetable es el rey Ajenatón (Ijnatón o Akhenatón) en el 1.370 a.C. quien instituyó el monoteísmo por decreto durante su corto reinado, pasando lacónicamente al olvido y sin generar tradición alguna.

Comparten las culturas implicadas, un etnocentrismo acuciante, así como esa pasión intrínseca por los arquetipos y modelos celestes de territorios, templos y ciudades. Así, los agrestes y salvajes territorios aledaños, se consideraban un símil del caos primigenio, que solo cuando la influencia civilizadora de su respectiva cultura los alcanzase, repitiéndose ritualmente el acto de la creación, ponía orden en la informidad , trayendo luz a las fosas abisales en que están sumidos los bárbaros circundantes y, por ende, sacralizándolos.
Cada una de estas formas de vida se siente el centro del mundo, porque necesitaba referenciar y establecer su existencia más allá del desorden circundante. Derivación de este postulado son los lugares altos (montañas sagradas donde se reúnen el cielo y la tierra) y templos, como puertas comunicantes hacia y desde la divinidad, espacios sagrados compartidos por los grupos humanos en estudio. De estos razonamientos surge la ética, el derecho y la política, como referentes de los seres racionales, para enfrentar los nexos con sus semejantes, consigo mismo y con una potencia superior.[22]

Pretensiones y alcances

Demostrar que la religión israelita en general, anterior a David(el primer personaje del texto veterotestamentario con alguna historicidad) y posterior a él, aun hasta el tiempo del gobierno de Josías, era una religión naturalista, politeísta y agraria; que los personajes principales de la epopeya contada, son elaboraciones mentales (hechos en retrospectiva) basadas en leyendas y habladurías con alguna veracidad y puestas en pergaminos y papiros, en edición definitiva como las conocemos nosotros, en algún momento posterior al año 400 a.C., poderosamente condicionados sus copistas, de las ideas caldeas.

Probar que la palabra de Dios es un compendio de aspiraciones, sueños y mitos explicatorios del mundo y de la sociedad, de una cultura, cuya validez universal es cuestionable bajo la lupa inflexible de la cronología, la arqueología y los ejercicios etnológicos[23].
Así mismo sacar al conocimiento público los yerros, contradicciones e insensateces filtrados en sus líneas, que responden a la necesidad ideológica expresa de un régimen.
En últimas no se sacrificará el rigor científico en aras de explicar o entender la Biblia, quizás tal vez lo que haremos será desenmascarar un pasado y presentarlo sin dobleces. No obstante, como en el dominio de la ciencia, las verdades tan solo pueden ser relativas y los modelos solo pueden explicar un porcentaje alto de cuestiones; lo que pudiéramos lograr ha de obtener la mayor certidumbre posible con los elementos disponibles.

Procedimientos y Bitácora

En ningún momento se le huirá a la controversia argumentada y soportada con una vasta y profusa bibliografía, cual intentamos sostener en esta monografía.
Ponemos el marco histórico debido a los textos que vayamos a considerar, sus precedentes mito-religiosos y las circunstancias políticas y sociales del contexto donde se desarrollaron, para lograr saber lo que dicen y entender sus expresiones.
Luego tomamos los textos veterotestamentarios, cuya narración conocemos, ponemos en relieve varias traducciones de la misma para evitar equívocos[24], aplicando algunas técnicas exegéticas de Hillel: lo que es aplicable a pequeños casos es aplicable a grandes casos; analogía de expresiones en diferentes contextos; analogía de contexto desde lo específico a lo general; explicación de un pasaje por medio de otro pasaje y deducciones obvias del mismo pasaje.
Acudimos a la concordancia Strong (una poderosa herramienta que codifica raíces hebreas antiguas) incluida en una de esas versiones bíblicas, para saber las etimologías y su connotación semiótica. Pero no nos quedamos ahí, recurrimos a fuentes alternas, contemporáneas de los textos sagrados occidentales; ayudados por la etnología[25] hallamos paralelismos de desarrollo y concepción entre otras religiones más antiguas que la judía y la del pueblo hebreo. De vez en cuando, recurriremos también a pruebas indirectas traídas a colación por autores reputados de la antigüedad.

Sabemos que los eventos, generalmente, de la cronología humana no son accidentales y obedecen a una estructura de causa y efecto, con un entorno macro y micro históricos específicos que condicionarán en mayor o menor grado la realización o contundencia de un suceso; el ejercicio intelectual a desarrollar volverá a contar, con otros elementos de juicio extraídos de la ciencia social, una historia que creíamos conocer y poder constatar.


Como protocolos respecto a las versiones de la Biblia consultadas, aclaramos:
RV 1865: Reina Valera 1865.
RV 60: Reina Valera 1960.
RV 95: Reina Valera 1995.
RVA: Reina Valera 1989.
TE- 2000: Terranova Ediciones, Santafé de Bogotá, 2.000.
DHH: Dios habla hoy, 1996.
N-C: Nácar- Colunga.
LXX: La Sagrada Biblia, versión de la Septuaginta al español, Prbo. Guillermo Jüneman.
BJ: Biblia de Jerusalén 1976.
NVI: La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional 1984.
LBLA: La Biblia Latinoamericana.

Del mismo modo empleamos dos targumim (Tg) o versiones arameas del génesis, hecho oralmente en el culto sinagogal, ambos correspondientes a los targumes Palestinienses (Tg Pals). Estas versiones no se limitan a traducir, añaden visos de interpretación, glosas y paráfrasis al texto traducido, del texto masoreta (TM), para tratar de hacerlo más claro y comprensible. Es la Biblia enriquecida con la tradición (o la Torá oral). Fueron elaborados para la población judía arameo parlantes, residentes en Palestina y Babilonia, a partir del post-exilio. Resulta que el hebreo se erigía como la lengua culta y literaria, mientras el arameo era el lenguaje llano. Pueden considerarse entonces, una prolongación y/o un complemento a la labor de los masoretas, quienes insertando vocales en los textos consonánticos, trataban de establecer el contenido de la Biblia.[26] El rabinismo babilónico aceptó como oficial (conforme a la legislación mishnáica) el Tárgum de Onquelos (Onq) al Pentateuco y de Jonatán Ben Uzziel a los Profetas, entre los Siglos III y IV.
Al parecer, el midrash tiene tantos nexos con el Tárgum, que o bien poseen un origen común o uno de los dos géneros influyó en el otro. Los que nosotros vamos a manejar aquí son:
TgN: Neofiti 1 o Tg Palestiniense completo, redactado entre los siglos II y III y que era el empleado antes de ser suplantado por el TgOnq. Está escrito en arameo de Galilea.
TgPsJ: Pseudo-Jonatán, que es el más parafrástico de los conocidos sobre el Pentateuco y también fue redactado por sobre esas fechas.
Complemento a estas dos fuentes alternas, incluimos el midrash del rabino Eliécer ben Hyrqanos, discípulo de Yojanán Zakkay, de la generación de Jabne[27]: PRE.
Midrash quiere decir búsqueda o estudio de la palabra de Dios escrita en la Ley, dicen los manuales. Se parte del presupuesto que Dios con la Ley entregó a Israel toda su voluntad: según Deuteronomio 30:11-12, No está en los cielos la Ley.[28] Es decir que no aceptan una nueva revelación, nuevas palabras o nuevas tablas de la Ley. También aseveran categóricamente que La ley expresa la voluntad total y definitiva de Dios. Siendo así, única e inmutable, el hombre solo debe analizar la palabra de Dios, rumiarla y descubrir todos sus sentidos para llevarla a la práctica.
Se puede decir que efectivamente este último texto es una lectura de la Biblia desde dentro. ¿Porqué usar estas tres últimas fuentes tan poco conocidas fuera del ámbito de los especialistas? Para que los lectores profanos comprendan que jamás ha habido unicidad de criterios respecto a los escritos antiguos de los hebreos, ni aun dentro de su misma raza; para comprender quizás, los vacíos documentales, cronológicos o dogmáticos en que incurren los autores «oficiales» y asimilar de una buena vez, que los intérpretes y escritores eran ante todo, seres humanos. Cualquier lectura, por fantasiosa que pudiera parecer a nuestros ojos cargados de prejuicios, encierra una realidad histórica y unas condiciones puntuales de vida, que valdría la pena desentrañar.

Corolario de lo anteriormente expuesto, se deduce que si la verdad se ha adaptado al acontecer y a la evolución espiritual de los pueblos implicados, sin perder su esencia; si se ha nutrido de los pensares trascendentes de otras civilizaciones, entonces la Biblia, en tanto colección de libros sagrados[29], es un eslabón –no el único-[30], para mejorar y entender la relación frente a lo desconocido y a nuestros semejantes.
Discrepamos con las estructuras rígidas de cultura confesional y/o eclesial; creemos que la moral a ultranza no requiere de estos edificios burocráticos y entes paquidérmicos, que el asunto de la elevación y la trascendencia le conciernen al individuo en privado en tanto no viole los espacios ajenos, que irse por las ramas y quedarse en el ritual perdiendo el referente, es propio de los movimientos eclesiásticos;[31] que en últimas lo relevante no son los sacrificios y ceremoniales sino la fe y la entrega, la consagración a la verdad (cualquiera sea su grado de relatividad) y a la justicia.

Quien no se adapta perece, es la inflexible ley de la vida que quizás la mantenga vigente Haciendo una paráfrasis científica, el concepto de Dios-léase lo incognoscible, lo inexplicable, el mundo del espíritu o de los fenómenos parasicológicos, el orden de la naturaleza, etc.-, no se crea ni se destruye, solo se transforma.

Creer o no creer es una decisión personal respetable e intransferible; abstraer la paja del grano permite tamizar en qué exactamente creemos o dejamos de creer. Bienvenidos a la controversia. [32]
[1] RAY John, Destellos de Osiris, vidas del antiguo Egipto, Editorial Crítica, Barcelona 2003, páginas 17 y 18.
[2] Por ejemplo, durante la dinastía XII se escribe un libro con el intento soterrado de alabar la divinidad y supremacía del faraón, editando un libro profético post-hoc (cuando hacía muchos años habían sucedido los hechos, profecías a posteriori o vaticinio ex eventu). En el libro, «La profecía de Neferti», ambientado en la IV dinastía, un profeta vaticina la ascensión, para bien de Egipto, de Amenemhat I.
[3] Texto bajo un nombre falso; texto que no procede de quien a tenor del título, el contenido o la transmisión, lo ha redactado.
[4] Del griego diathéque, alianza.
[5] «el que ama a su hermano». La razón de su mote fue que contrajo nupcias con la viuda de su hermano. Hijo de Ptolomeo, que hizo de Alejandría su capital y la posicionó como centro del saber. Gobernó desde el 285 hasta el 246 a.C.
[6] Posiblemente fueran entonces judíos helenizados y no judíos palestinos.
[7] Anteriormente, luego del segundo Templo ya los fariseos, los mismos que institucionalizaron rituales y oraciones, impusieron y consagraron con su autoridad los libros que pasaron el primer cedazo.
[8] Dicha ciudad se convirtió, luego de la destrucción del Templo en el año 70 EC., en el centro de los estudios judaicos. Allí, el fariseo Rabán Yojanán ben Zacái, un discípulo de la escuela de Hillel, escabullido de Jerusalén escondido en un féretro fundó una escuela religiosa o Casa de estudios (Bet ha Midrash), salvando la Torá y reuniendo el Sanedrín para mantener un tribunal que sirviera de autoridad autóctona para el pueblo. Fue allí donde se reglamentaron muchos rituales actuales de los judíos.
[9] Secta mayoritaria del pueblo judío que representaba a la clase media y quienes fueron los primeros cuestores respecto a la canonicidad de los textos así reconocidos. Se desconocía de hecho a los saduceos (que incluía a los ricos y sacerdotes) porque negaban la resurrección y el sistema de castigos y recompensas en el otro mundo y aceptaban el gobierno romano.
[10] La división en capítulos fue insertada en la Biblia hebrea en el siglo XVI (EC.)
[11] CAQUOT André, La religión de Israel desde los orígenes hasta la cautividad de babilonia, en Historia de las religiones, Tomo II, Siglo XXI editores, México 1977, pagina 84.
[12] Sean porque se hayan perdido o porque hayan sido suprimidas deliberadamente.
[13] Es una de las fuentes, no la mejor ni, afortunadamente, la única.
[14] Ciencia que estudia el pasado humano a través de los restos materiales dejados en la antigüedad, como huesos humanos, huesos de animales, granos, aceite, y vino; útiles de piedra, cerámicas, etc.
[15] Entendida como la capacidad de transmitir información entre generaciones por medios extragénicos.
[16] Aproximadamente el tiempo del descollante primer esplendor de estas civilizaciones.
[17] Cuya continuidad se ha de garantizar por medio de mitos. En la versión canónica se ha excluido casi toda referencia politeísta (mitológica), pero los midrasim y Tárgum, elaborados por la ortodoxia judía intentando comprender sus textos propios, los hacen re-aparecer.
[18] Nietzsche Friedrich, La Genealogía de la Moral, Biblioteca Nietzsche, Alianza Editorial, Madrid, 1997, página 46.
[19] Es debido a esta marcada tendencia, que cuando se adoptan leyendas y mitos de sus vecinos culturales, se eliminan las menciones a deidades distintas de la divinidad israelí, virándolos en seres humanos y/o cambiando el sito geográfico donde sucedieron los eventos.
[20] «Han sido los judíos los que, con una consecuencia lógica aterradora, se han atrevido a invertir la identificación aristocrática de los valores (bueno=noble=poderoso=bello=feliz=amado de Dios) y han mantenido con los dientes del odio más abismal (el odio de la impotencia) esa inversión, a saber «los miserables son los buenos; los pobres, los impotentes, los bajos son los únicos buenos; los que sufren, los indigentes, los enfermos, los deformes son también los únicos piadosos, los únicos benditos de Dios…» Nietzsche Friedrich, Op., cit., página 46. O como dice el mismo autor más adelante, el populacho venció (la moral del hombre vulgar) y está representado por los judíos.
[21] Hasta cierto punto es cierto. De ellos emularon (no contravinieron), la pasión por lo escrito y su carácter sagrado (como herramienta de conocimiento), como signos portadores de poder; quizás el hecho de usar un esqueleto idiomático compuesto de consonantes y semi-consonantes que sugieren una simbología particular y que excluye las vocales (como algo pasajero, dictado por la moda), es decir, asociado a lo mágico, también lo hayan aprendido de ellos. Los rituales de pureza exterior de los sacerdotes egipcios, que connotaría una pureza interior; los actos de lavarse la boca, las manos y los pies liberaría de energía nociva: estas pautas fueron asimilados también por los hebreos.
[22] Que nos se nos diga que entender esta coyuntura no ayuda a entender conflictos sociales de nuestro tiempo puesto que parte del rompimiento de las estructuras y las revoluciones mismas, implicaban reconocer un patrón ético y jurídico establecido (el judeocristiano). En estas páginas dilucidaremos su proceso formativo.
[23] O sea de las religiones comparadas.
[24] Es de sobras conocido que toda traducción, como la comunicación en general, supone una interpretación o un sesgo. Cotejando entre sí varias versiones del Antiguo Testamento, intentamos minimizar esta parcialidad.
[25] Rama de la antropología que estudia pueblos y culturas en sus formas tradicionales. Trata de explicar las causas y razones de sus costumbres.
[26] Algunos creen ver en Nehemías capítulo 8 un testimonio de una reunión pública en que el texto hebreo era explicado en arameo.
[27] Cuyo núcleo inicial empezó entonces en el Siglo I y recibió aportes hasta el siglo IX.
[28] Porque estos mandamientos que yo te prescribo hoy no son superiores a tus fuerzas, ni están fuera de tu alcance. No están en el cielo, para que hayas de decir: « ¿Quién subirá por nosotros al cielo a buscarlos para que los oigamos y los pongamos en práctica?» (BJ)
[29] Aclarando que el término sagrado corresponde más a intentos de relación con un trascendente inexplicable y a costumbres prototípicas (inmóviles), que a la veneración por su carácter “divino e inspirado”.
[30] Si bien la exclusividad es elemento propio de las religiones monoteístas, creemos que no por ello se ha de ser intolerante.
[31] Como probablemente los mal autollamados cristianos (o sea, nominalmente seguidores de Cristo, pero como se demostrará en un opúsculo futuro terminaron siendo seguidores de Pablo, quien contradice abiertamente la doctrina consignada en los evangelios) dirán que el Nuevo Testamento habla de «no dejarnos de congregarnos como algunos tienen por costumbre» (Hebreos 10:25. RV 60), podríamos repostar a esta aseveración que, Jesús nunca predicó ni una iglesia, ni fundó una religión, ni siquiera predicó a los no judíos (incluyendo en este concepto a los llamados samaritanos, que hacían parte de las diez tribus del norte de Israel escindidas después del reinado de Salomón), porque él «vino a buscar y a salvar lo que se había perdido». (Mateo 18:11 RV 60) Además, en los llamados evangelios no se halla una línea que invite a reunirnos para orar, es más, invita a hacerlo en privado: «ora a tu padre que está en lo secreto y tu Padre que está en lo secreto te recompensará en público» (Mateo 6:6 RV 60), quienes lo hacían en público y con grandes manifestaciones teatrescas eran los fariseos. De todas formas quienes necesitarían “amontonarse” son los humanos, que en grupo, reforzarían más fácilmente sus creencias.
[32] Tomado de Ortiz Herrera Angel Eulises. Fundamentos Culturales del Judaísmo I, introducción.

CAMBIOS EN BLOGALAXIA

Vaya sorpresa que nos llevamos quienes tenemos una bitacora indexada en este prestigioso directorio, Blogalaxia, cuando vimos variar nuestra posición en el ranking interno que dicha Empresa lleva. Pues resulta que ahora la posición de un blog depende de un concepto llamado autoridad. Ellos lo cuantifican en base a la cantidad de blogs que enlazan al nuestro. Miden[1] así mismo la popularidad del mismo por número de visitas en un periodo de tiempo determinado (dos semanas)…Resulta contrastante y paradójico ver blogs con baja autoridad, en esta recién creada figura interna junto a popularidades apabullantes (y viceversa)…supongo que solo el tiempo dirá si fue o no acertada tal determinación. De impacto causa estupor. Veremos.
[1] Medir siempre es comparar…

English throughout the World

The geographical spread of English is unique among the languages of the world, not only in our time but throughout history. English is the majority first language in twenty-three countries. It is an official language or a joint official language in about fifty other countries, where it is used in addition to the indigenous first languages for a variety of public and personal functions. It is also used as a second language, though without official status, in countries such as Bangladesh and Malaysia. Countries where English is a first or second languages, are located in all five continents. The total population of these countries amounts to around 2.5 billion[1], about 49 per cent of the world's population. Where English is a first or second language, it is used internally for communication between nationals of the same country. In addition, English is used extensively as a foreign language for international communication by people who do not ordinarily employ it when speaking or writing to their compatriots.
The number of first-language speakers of English has been estimated at well over 300 million, of whom over 216 million live in the United States. The United Kingdom has about 53 million, Canada over 17 million, and Australia about 14 million. Countries where English is a majority first language may have large percentages of bilingual speakers and speakers for whom English is a second language. For example, Canada has a large minority of unilingual French speakers (nearly 17 per cent) as well as an almost equal percentage of speakers who are bilingual in French and English.
Most countries with second-language speakers of English are former British colonies, such as India and Nigeria. English has been retained as an official language in the majority of these countries after independence because none of the indigenous languages was accepted by all citizens as the sole national language. As an official second language, English is used in a variety of public functions: in government, in the law courts, in broadcasting, in the press, and in education. In many African and Asian countries it serves as the means of interpersonal communication between speakers of different indigenous languages. Because of both its national and its international reach, English is often used for literature, sometimes in forms that draw heavily on local colloquial forms of English. Writers and politicians in some African and Asian countries are ambivalent about the role of English: English may be viewed as an imperialist language, imposed by colonial oppressors and impeding the role of indigenous languages, or as the language of liberation and nationalism in countries divided by tribal loyalties.
The problem in calculating the numbers of second-language speakers is how to decide who counts as a speaker of the language. Should we include in our totals those who have a rudimentary knowledge of vocabulary and grammar but can make themselves understood only in certain types of exchanges—for example, giving street directions or offering goods for sale? If so, we might recognize as second-language speakers perhaps most of the 2.5 billion, that live in countries where English is used as a second language. On the other hand, conservative estimates, requiring much greater competence in the language, tend to put the number at about 300 million.
A similar problem arises in calculating the numbers of users of English as a foreign language. Estimates have ranged wildly—from 100 million to 600 million. English is extensively studied as a foreign language. It is a compulsory subject or the preferred optional language in most countries where it is not a first or second language. It has been estimated that over 150 million children are studying English as a foreign language in primary or secondary schools.
Many millions of foreigners listen to BBC broadcasts in English, and many millions follow the BBC English lessons on radio and television. 'Follow Me', the BBC English by Television 60-programme course for beginners, produced in 1979 with a consortium of European television stations, has been shown in over 80 countries. It attracted vast audiences in countries throughout the world in the 1980s, and in China alone it had an estimated audience of over 50 million. Over half a million visitors, mostly from the European continent, currently visit the United Kingdom each year to study English as a foreign language. A poll conducted in December 1992 showed that English is the most popular language in the European Union (then called the European Community) among young people (aged 15 to 24), and while 34 per cent of that age group spoke English in 1987 the figure in 1990 had risen to 42 per cent. A European Commission report for 1991-2 showed that 83 per cent of secondary school students in the European Union were learning English as a second language, compared with just 32 per cent learning French, the nearest competitor.

WE NEED TO LEARN ENGLISH. THIS IS THE QUESTION...Necesitamos aprender ingles, he ahí la cuestión.
[1] Really are 2,022,629,545, according to Internet World Stats.

miércoles 23 de abril de 2008

LA REINA ISIS,Iside,Ísis

«El acceso a la tumba del faraón Tutmosis III en el Valle de los Reyes ofrece algunas dificultades; hay que subir una escalera metálica instalada por el Servicio de Antigüedades e introducirse a continuación en un estrecho pasillo que se interna en la roca. Los que sufren de claustrofobia harán bien en renunciar; sin embargo, el esfuerzo obtiene su recompensa ya que, después de ese descenso, el visitante descubre dos salas, una de techo bajo con las paredes decoradas con figuras de divinidades, y otra más amplia, la llamada cámara de resurrección. En sus paredes se encuentran textos y escenas del Am-Duat, «el libro de la estancia escondida», que revela las etapas de la resurrección del sol en los espacios nocturnos y de la transmutación del alma real en el más allá.
En uno de los pilares descubrimos una escena extraordinaria: una diosa, que sale de un árbol, da el pecho a Tutmosis III. El faraón, amamantado para la eternidad, conoce así una regeneración perpetua. El texto jeroglífico nos revela la identidad de esa diosa de inagotable generosidad: Isis.
Pero Isis es también el nombre de la madre terrestre de este rey, una madre cuyo rostro se ha conservado gracias a una estatua descubierta en el famoso escondrijo del templo de Karnak:[1] de mejillas llenas, serena y elegante, la madre real Isis luce un peinado de largas trenzas y un vestido de tirantes. Aparece sentada con la palma de su mano derecha apoyada sobre su pierna, mientras la mano izquierda sostiene un cetro floral. Nada sabemos acerca de ella, salvo que su hijo la veneraba y que llevaba el nombre de la diosa más célebre del antiguo Egipto.
LA PASIÓN Y LA BÚSQUEDA DE ISIS
La gran Isis reinó en las Dos Tierras, el Alto y el Bajo Egipto, mucho antes del nacimiento de las dinastías. En compañía de su esposo Osiris gobernaba sabiamente y gozaba de una felicidad perfecta. Un día, Set, hermano de Osiris, invitó a éste a un banquete. Se trataba de una emboscada, pues Set había decidido asesinar al rey para ocupar su lugar. Recurriendo a una original argucia, el asesino pidió a su hermano que se tendiera en un ataúd para comprobar si era del tamaño adecuado. Osiris aceptó imprudentemente. Set y sus acólitos cerraron el sarcófago y lo arrojaron al Nilo.
Conocemos los detalles de esta tragedia gracias a un texto de Plutarco, iniciado en los misterios de Isis y Osiris; las fuentes más antiguas se refieren únicamente a la trágica muerte del rey, cuyas desdichas continuaron, pues su cadáver fue despedazado. De este modo, Set creyó que había acabado para siempre con su hermano.
Isis, la viuda, se negó a aceptar la muerte de Osiris.
Sin embargo, ¿qué podía hacer, además de llorar a su martirizado esposo? Su corazón alumbró un proyecto insensato: recuperar cada uno de los trozos del cadáver, reconstituirlo y, ayudándose de las fórmulas mágicas que conocía, devolverle la vida.
Isis inició entonces una búsqueda paciente y obstinada. ¡Y creyó que había conseguido su objetivo! Logró reunir todas las partes del cuerpo de Osiris excepto una, el sexo, que un pez se había tragado. A Isis sólo le quedaba renunciar.
Pero ella perseveró en su empeño: convocó a su hermana Neftis —cuyo nombre significa «la señora del templo»—, y organizó un velatorio.[2] «Soy tu hermana bienamada —pronunció ante el cadáver reconstituido de Osiris—, no te alejes de mí, ¡yo te invoco! ¿No oyes mi voz? ¡Voy hacia ti, ningún espacio debe separarme de ti!» Durante horas, Isis y Neftis, que habían purificado y depilado por completo sus cuerpos, cubierto sus cabezas con pelucas rizadas y purificado la boca con natrón (carbonato de sodio), pronunciaron hechizos en el interior de una cámara funeraria inmersa en la oscuridad y perfumada con incienso. Isis invocó a todos los templos y a todas las ciudades del país para que se uniesen a su dolor y contribuyesen a que regresara del más allá el alma de Osiris. La viuda tomó el cadáver en sus brazos, mientras su corazón latía de amor por él, y murmuró en su oído: «Tú que amas la luz, no vayas a buscar las tinieblas”.
Sin embargo, el cadáver permanecía inerte.
Entonces, Isis tomó la forma de un milano hembra y batió sus alas para devolver el aliento vital al difunto, y se posó en el lugar del desaparecido sexo de Osiris, al que hizo reaparecer mágicamente. «He interpretado el papel de un hombre —afirmó—, aunque soy una mujer”. Las puertas de la muerte se abrieron ante ella, Isis traspasó el secreto esencial, la resurrección, y actuó como ninguna diosa lo había hecho hasta entonces. Ella, a la que también se llama «Venerable, surgida de la luz, de la pupila de Atum (el principio creador)», consiguió que regresara y que la fecundara el que parecía haber partido para siempre.
De este modo fue concebido su hijo Horus, nacido de la imposible unión de la vida y la muerte. Acontecimiento de gran importancia, ya que Horus, el niño nacido del misterio supremo, llamado a ocupar el trono de su padre, fue desde entonces monarca del más allá y del mundo subterráneo.
Set no se dio por vencido. No quedaba otra solución que dar muerte a Horus. Consciente del peligro, Isis escondió a su hijo en la espesura de papiros del Delta, donde no escaseaban los peligros: enfermedades, serpientes, escorpiones, el asesino que merodeaba por el lugar..., pero Isis la maga consiguió poner al pequeño Horus a salvo de cualquier desgracia.
Set no admitió su fracaso. En vez de ceder, impugnó la legitimidad sobrenatural de Horus y provocó la reunión del tribunal de divinidades con objeto de que condenara al heredero de Osiris. El tribunal tenía su sede en una isla, lo cual incitó a Set a actuar astutamente para que se tomara una decisión inicua: que el barquero se negase a transportar en su barca a ninguna mujer. De este modo, Isis no podría defender su causa.
Pero ¿cómo iba a renunciar la viuda después de haber sufrido tantas adversidades? Logró convencer al barquero entregándole un anillo de oro; se presentó ante el tribunal, derrotó la mala fe y los falsos argumentos y consiguió que Horus fuese aclamado como legítimo faraón.
Esposa perfecta, madre ejemplar... Isis se convirtió también en garante de la transmisión del poder real. ¿Acaso su nombre no significa «trono»? De ello se desprende que, según el pensamiento simbólico egipcio, el trono o, dicho de otro modo, la gran madre y reina Isis engendra al faraón.
ISIS, MAGA Y SABIA
Isis es la mujer-serpiente[3] que se convierte en el uraeus, la cobra hembra erguida en la frente del rey para destruir a los enemigos de la luz: sólo una evolución desastrosa y el desconocimiento del símbolo original explican que la buena diosa-serpiente llegara a convertirse en el reptil tentador del Génesis, causante de la perdición de la primera pareja. Contrariamente a esta creencia, Isis y Osiris afirman la vivencia de un conocimiento luminoso gracias al amor y más allá de la muerte.
Bajo la forma de la estrella Sotis, Isis anuncia y desencadena la crecida de las aguas del Nilo; sus lágrimas derramadas sobre el cuerpo de Osiris provocan la crecida del agua benéfica que al depositar el limo en las orillas del río asegura la prosperidad del país. ¿Y acaso no son las matas de papiros que emergen de las aguas los cabellos de Isis?
La magia cósmica de Isis procede de su facultad para penetrar los misterios del universo y, entre éstos, el del nombre secreto de Ra, encarnación de la luz divina. El corazón de Isis era más hábil que el de los bienaventurados, y no había nada que ella ignorase del cielo y de la tierra... salvo el famoso nombre secreto de Ra, que éste nunca había confiado a nadie, ni siquiera a las otras divinidades. Isis decidió asaltar ese bastión. Recogió un esputo de Ra, lo mezcló con tierra y moldeó una serpiente. Ocultó el mágico reptil en un matorral situado en el camino del dios; cuando éste pasó, el reptil le mordió, provocando ardores en el corazón de Ra, temblor en el cuerpo y el enfriamiento de sus miembros. Aunque no se hallaba en peligro de muerte, el veneno le estaba infligiendo un penoso sufrimiento, y nadie conseguía curar al dios.
Intervino Isis. ¿Devolverle la salud? Sí, ella podía hacerlo... Pero a condición de que Ra le confiase su nombre secreto. El sol divino intentó engañarla dándole varios nombres sin descubrirle el auténtico. La intuitiva Isis no cayó en la trampa. Ra, agotado, se vio forzado a confesarle su verdadero nombre; Isis le curó... y guardó para siempre el secreto.
LOS LUGARES DE ISIS
Cada una de las partes del cuerpo de Osiris dio nacimiento a una provincia. Egipto entero quedó asimilado al esposo resucitado de Isis, que animó la totalidad del país, de modo que en todas partes se encontró en casa.
No obstante, al atravesar Egipto de norte a sur se descubren tres zonas especialmente ligadas a Isis: Behbeit al-Hagar, Dandara y File.
Behbeit al-Hagar, en el Delta, es un paraje desconocido para los turistas. Al llegar, después de dejar atrás un dédalo de callejuelas, se experimenta una fuerte decepción. ¿Qué queda del gran templo de Isis sino una montaña de enormes bloques de granito adornados con escenas rituales? Aquí se veneraba a Isis, pero su templo fue desmantelado y utilizado como cantera, sin ningún respeto por el carácter sagrado del sitio. Paseando entre las malas hierbas, ¿cómo no recordar la época en que allí se levantaba un colosal santuario dedicado a la señora del cielo?
En Dandara, en el Alto Egipto, está localizado simbólicamente el nacimiento de Isis. El santuario de la diosa Hator se conserva sólo parcialmente, aunque permanecen el templo cubierto y el mammisi (templo del nacimiento de Horus), al igual que un pequeño santuario donde, según los textos, la hermosa Isis, de piel rosada y negro cabello, vino al mundo. Fue alumbrada por la diosa del cielo, mientras Amón, el principio escondido, y Shu, el aire luminoso, le concedían el aliento de vida.
En la frontera sur del antiguo Egipto se alza File, la isla-templo de Isis. Aquí vivió la última comunidad iniciática egipcia, que fue aniquilada por cristianos fanáticos. Amenazados por la liberación de las aguas del «dique alto», la gran presa de Asuán, los templos de File fueron desmontados piedra a piedra y reconstruidos en un islote próximo. La «perla de Egipto» pudo así ser salvada de las aguas. Una visita al lugar, aun por pocas horas, procura una experiencia inolvidable. Conforme a la voluntad de los egipcios, los ritos siguen celebrándose gracias a los jeroglíficos grabados en la piedra; la presencia de Isis es un hecho palpable y se pueden oír las palabras pronunciadas durante las ceremonias por las sacerdotisas de la gran diosa: «Isis, creadora del universo, soberana del cielo y de las estrellas, señora de la vida, regente de las divinidades, maga de excelentes consejos, sol femenino que sella todas las cosas con su impronta; los hombres viven conforme a tu orden, nada se hace sin tu conformidad”.[4]
LA ETERNIDAD DE ISIS
Victoriosa sobre la muerte, Isis sobrevivió a la extinción de la civilización egipcia. En el mundo helenístico, hasta el siglo V d. J.C., tuvo un papel dominante: su culto se extendió por todos los países de la cuenca mediterránea e incluso más allá de esa frontera.
Se convirtió en la protectora de numerosas cofradías iniciáticas, más o menos hostiles al cristianismo, que la consideraban símbolo de la omnisciencia, depositaría del secreto de la vida y de la muerte, y capaz de asegurar la salvación de sus fieles.[5]
Pero Isis no exigía una simple devoción; para conocerla, sus adeptos debían respetar la ascesis; la creencia no era suficiente: había que ascender por la escalera del conocimiento y superar los distintos grados de los misterios.
Isis, encarnación del pasado, el presente y el futuro, madre celeste de amor infinito, fue durante mucho tiempo una temible competidora del cristianismo. Ni siquiera el dogma triunfante logró eliminar a la antigua diosa; en el hermetismo, que tuvo una gran presencia en la Edad Media, ella seguía siendo «la pupila del ojo del mundo», la mirada sin la cual no podría percibirse la verdadera realidad de la vida. ¿No se oculta Isis bajo los hábitos de la Virgen María? ¿No tomó ésta el nombre de «Nuestra Señora», a la que se han consagrado tantas iglesias y catedrales?
ISIS, MODELO DE LA MUJER EGIPCIA
Una civilización se modela sobre un mito o un conjunto de mitos. Mientras que en el mundo judeocristiano la figura de Eva es cuando menos sospechosa, hecho que explica el innegable y dramático déficit espiritual de las mujeres modernas, regidas por este tipo de creencia, en el universo egipcio las cosas tenían otro cariz. La mujer no era la fuente de ningún mal ni de una desnaturalización del conocimiento, sino todo lo contrario; era ella, a través de la grandiosa figura de Isis, quien había superado los peores obstáculos y descubierto el secreto de la resurrección.
Isis fue modelo de reinas, pero también de las esposas y madres, así como de las mujeres más humildes. A su fidelidad sumaba un valor indestructible ante la adversidad, una intuición fuera de lo común y la capacidad de penetrar el misterio. ¿Acaso no podemos afirmar que su búsqueda es un ejemplo para todas las mujeres que han intentado vivir la eternidad? »[6]
[1] Estatua conservada en el Museo de El Cairo: CG 42 072.
[2] Véase H. Junker, Die Stundenwachen in den Osirismysterium, Viena, 1910.
[3] Véase, por ejemplo, M.-O. Jentel, «De la "Bonne Dése" a la "Mauvaise Femme": Quelques avatars du motif de la femme-serpent», en Échos du monde classique. Classical Views, Calgary 28, núm. 2, 1984, pp. 283-289.
[4] Véase L. V. Zabkar, Hymns to Isis in Her Temple at Philae, Hannover-Londres, 1988.
[5] Véase F. Junge, «Isis und die ägyptischen Mysterien», en Aspekte der spätägyptischen Religión, Wiesbaden, 1979, pp. 93-115.
[6] JACQ CHRISTIAN. LAS EGIPCIAS .Retratos de mujeres del Egipto faraónico. Traducción de MARÍA JOSÉ FURIÓ. © Editorial Planeta, S. A., 1997, Barcelona (España).

Escuela teológica Tebana

Transcurría el año 2.080 cuando Mentuhotep o Montu-hotep (« (el dios) Montu está Aplacado») I (Nebhepetre, Tepi-ya «el primero»), de origen sureño, logra reunificar de nuevo al Egipto dividido, dando inicio a la Dinastía XI (ignoramos las otras porque particularmente gobernaban en sectores limitados del país). Este «Señor de las dos naciones» o unificador de las dos tierras residió en Tebas y con él renació algo de la prosperidad característica del país. El dios principal de Tebas era Amón o Amén, dios de la fertilidad, la regeneración y la reproducción. Originalmente se llamaba Nuwe y en la Biblia se la menciona como No (la ciudad), o No-Amon (la ciudad de Amón). Los griegos la llamaron «gran ciudad de los dioses».

Como «progreso» implicaba nexos religiosos más elaborados y costumbres fúnebres más sofisticadas, agotadas las explanadas alrededor de Tebas, la moda funeraria se consolida en los hipogeos, recintos excavados en las paredes rocosas, adecuando el paisaje en el que se circunscribe. En este peldaño del imperio medio fue famoso el hipogeo de Deir-El-Bahari, ubicado al sur de Tebas y precedido de una amplia avenida flanqueada por estatuas del rey.
Como los príncipes tebanos fueron artífices del nuevo orden, debían conservar sus privilegios, lo mismo que la nobleza provincial: recibirían a cambio prebendas burocráticas y participación en el culto osiriaco. En este “in crescendo” de la religión de Osiris, consolidado durante el Imperio Antiguo, todos los jerarcas quieren ser enterrados en Abydos (en las proximidades de su templo preferiblemente), donde se supone fue sepultada esta divinidad. Este auge también consolidó la mejora en la percepciones morales de los egipcios que ahora se sienten obligados hacia la justicia y la caridad por considerar ahora con seriedad el juicio a nuestras acciones en el más allá. Pero ya no es solo el rey el sometido a juicio, ahora son todos los hombres los que no solo acceden a los rituales funerarios, sino a la evaluación de ultratumba presidida por Osiris.
Durante el mandato de Mentuhotep, Montu, un dios asociado a la guerra, convirtióse en el dios oficial de la dinastía; de ahí que el soberano llevara su nombre. La población egipcia podría ascender a dos millones y medio de habitantes.

Amenemhat, un visir y gobernador del Sur, de familia tebana, asciende al solio del faraón. La procedencia del este monarca es una ilación conjetural: el dios Amén está inscrito en su propio nombre (Amen-em-het: «Amón (está) en primer plano». Su otro nombre era Amnenemes. Sehetepibre (Sehetepibra «el corazón de Ra está contento») fue su mote de coronación.
Se creía el escogido, “el Hijo del hombre”, el líder mesiánico capaz de sacar a Egipto delante de cualquier bache; encarnaba una vieja profecía que auguraba el fin del hambre en Egipto, derroca a la familia real[1] e instaura la dinastía XII[2], pero a su vez tiene una muerte violenta de manos de sus chambelanes. Cambia la residencia real, por considerar que estaba muy al sur y de alguna manera desprotegía al Norte; trasládala entonces desde Tebas hacia Lisht, cerca de Memphis, rehaciendo de paso la burocracia administrativa. Metió de lleno en la historia de su país el concepto de corregente para inicializar muy pronto la inicialización en las labores administrativas de su sucesor, hacer el debido empalme y haciendo que las transiciones fueran controladas y pacíficas. A los veinte años de su reinado nombra a su hijo Senusret como corregente; cuando efectivamente ocurrió su magnicidio (el de Amenemhat), estaba liderando una campaña en Libia y volvió y se apersonó de las cosas.
Se empieza a restablecer el prestigio de la realeza, pero ahora al faraón, más que a un dios se le considera más como un caudillo invencible. Estableció límites precisos a los nomos y colocó junto a estos poderosos líderes provinciales, revisores reales (buscando en parte controlar el accionar de estos gamonales). También hizo construir fortalezas para dominar la frontera en el Delta.
De nuevo se construyeron pirámides, que aunque más pequeñas, su arte era más elaborado. Testimonio literario de esta convulsa época son «Las enseñanzas del rey Ahmenehat».Dichos escritos corresponden al género de lo que con posterioridad se llamaría literatura del sentido común o sapiencial, siendo un conjunto de refranes y de máximas para orientar la vida de un joven monarca.
El siguiente fragmento de Shinué el egipcio describe el funeral del rey y sus implicaciones:
«El dios ascendió a su horizonte. El rey del Alto y Bajo Egipto Sehetepibra [Ammenemes I] voló al cielo y se unió con Atón, fusionándose con el divino cuerpo con su artífice. Entonces la residencia estuvo en calma; los corazones se lamentaron; los grandes portales se cerraron, pusieron la cabeza entre las rodillas; el pueblo lloró».

Veinte años luego, Senusret I (Hombre de la diosa Sret[3]; Sesostris) toma las riendas del poder. Su nombre de coronación fue Kheper-ka-ra, «El Alma de Ra Viene a la Existencia», con algún nexo con el sol naciente. Era hijo de Ahmenehat y su énfasis fue conquistar territorios, expandiéndose hacia el Sur, sometiendo a las tribus hostiles e incrementando la prosperidad egipcia. Estas tierras del sur eran conocidas con el nombre de Cus (Kush); para los griegos se llamaría Etiopía («cara quemada», aludiendo a la raza negroide que las habitaba). Técnicamente dentro del marco histórico conviene llamarla Nubia («esclavo») para no ubicarla equivocadamente dentro de un marco geográfico actual. Bajo su conducción, mejoró el comercio con esas regiones (impuso su dominio hasta la segunda catarata). Gobernó hasta 1.928 a.C.
Destaca la primacía del templo de Karnak, cerca de la capital Tebana donde se concentró el culto a Amón como divinidad principal.
Creaciones literarias como la “Historia de Shinuhé” han trascendido, debido a su ascendiente sobre la literatura hebrea: Es una novela que narra la historia de un exiliado egipcio y de sus andanzas entre los nómadas de Siria. Empieza el relato en el campamento del joven corregente[4] Senusret I, que venía de la campaña de Libia, cuando le informan que su padre ha muerto. Con un selecto grupo de escogidos guerreros parte hacia la capital real. Shinué, un oficial servidor de la reina, huye aterrado; llegado al Líbano un príncipe local le da a su primogénita por esposa y le otorga tierras en las fronteras. Sus hijos crecen como grandes guerreros al servicio del príncipe del Líbano pero su anciano padre añora regresar a Egipto y logra hacerlo, invitado por el faraón.
El símil de la historia de Moisés en los momentos que asesina al egipcio y huye del país hacia Madián[5] coincide con esta historia antigua (Shinué huyendo de la cólera del Faraón). A ambos los acogen generosamente los beduinos y los líderes de las respectivas tribus les otorgan el favor de sus hijas (los hacen sus yernos). Describe Palestina en términos muy parecidos a los de Éxodo 3:8[6] y Números 13:27-29[7]:
«Hay en ella higos y viñedos y más vino que el agua; es rica en miel y sus árboles dan mucha aceituna y frutos de todas las especies. Hay también avena y trigo y ganados innumerables.»[8]

El personaje histórico existió en la época de Amenemhat I (2000-1979) y de Sesostris I (1970-1936) y su historia fue novelada. Su nombre traduce «el hijo del sicomoro», o sea de una de las diosas que gustaban residir en un árbol de estos (Hathor y Nut)

Se decía de Senusret I que «Es ciertamente un dios que no tiene igual, antes de quien ningún otro (como él) ha existido. Es un maestro de sabiduría, de perfectos designios, de excelentes mandatos, a cuya orden se va y se viene…Es aquel que amplía las fronteras»[9]

Año 1990. En Beni Hasan (Egipto), en la tumba de un noble egipcio se muestra una pintura que plasma cómo un grupo de 37 asiáticos (clan inmigrante)[10] van a comerciar con los egipcios, llevando asnos. Parece ser que Sestrosis I hacía regalos a los príncipes y reyes de Sirio-Palestina a cambio de alianzas.
Una de las obras trascendentes fue la restauración del templo de Heliópolis, no solo por razones religiosas sino políticas: la dinastía tenía serio interés en restablecer un culto de masas ampliamente aceptado en todo el país, ganándose de paso el apoyo de los habitantes del Bajo Egipto.
Le suceden, Ammenemes II y Sesostris II, como una suerte de gobiernos de transición que disfrutaron los logros de Amenemhat I y Sesostris I, paz y abundancia en sus fronteras.
Viene a continuación Sesostris III, considerado el rey más glorioso de la Dinastía XII, es cuando el Egipto del Imperio Medio conoce su apogeo. De alguna manera ingeniosa suprimió el cargo de comarcas y estableció en cambio tres dependencias reales (uaret) para dominar geográficamente el territorio: el del Norte, el Medio Egipto y el Alto Egipto. Este revolcón administrativo hizo pulular una clase media que empezó a ganar preponderancia.
Del mismo modo recuperó por la fuerza el territorio Nubio; cesa la política internacional egipcia de sus predecesores: se dice adiós a la coexistencia pacífica entre egipcios y asiáticos en los territorios mineros del Sinaí; a partir de este rey las expediciones mineras iban apoyadas militarmente y se empieza a desconfiar de estos habitantes del pasillo sirio-palestino. La civilización egipcia irradió su luz en estos territorios vecinos en una manera significativa.
Transcurre el año 1.842. Bajo Amenemhat III, floreció el comercio con un país llamado Punt (bañado por el mar rojo, pudiendo corresponder actualmente con Yemen o Somalia, de donde se traía oro para comerciar con los cananeos). La explotación de las reservas mineras del Sinaí fue intensiva y en conjunto, toda esta riqueza y prosperidad en tiempos pacíficos le permitió multiplicar sus construcciones.
Invadió militarmente a Siria y conquistó hasta la tercera catarata del Nilo. Gobernó durante 45 años. Se calcula la población de sus dominios en millón y medio de habitantes.[11]
Su prenombre (nombre de coronación) fue Ny-maatra, que significa “Perteneciente a la Justicia/Verdad de (el dios) Ra."
Es la época del auge de Amón («el oculto» «Lo que no puede verse», el aire, el viento, el mismo que soplaba sobre las aguas inmóviles y quietas de Nun)[12], señor de Tebas, relegando a Montu a un segundo plano. Amón fue mencionado por primera vez en los Textos de las pirámides, siendo descrita como una divinidad secundaria, un dios relacionado con los barqueros, con el aire o con la fertilidad. Es cuando la dinastía XII lo asimila al dios Ra, convirtiéndose en Amón-Ra y siendo entonces cuando los reyes Amenemhat, lo transforman en el dios principal del reino, que no sustituirá a ningún dios antiguo, pero irá logrando consenso de unidad religiosa nacional. En esta nueva faceta siguió siendo el aire que se encontraba en todos los lugares y en todos los momentos (pero no el viento, emblematizado por Amonet, su paredra): los humanos no le podíamos ver, solo sentir. Una de sus representaciones era un cuerpo de hombre con cabeza de carnero (de cuernos robustos y enrollados).
Ha triunfado el culto a Osiris[13]; los textos mágicos reales se popularizaron y pusieron al alcance de la clase media, dando lugar a los “Textos de los Sarcófagos”, que es una estilización y mejora sobre los “Textos de las Pirámides”.

Sobre la sexualidad de la materia primigenia y la justificación de la existencia humana, se dice que:
«Tú eres El Único, el que dio origen a todo lo que existe,Él Uno y Único, creador de lo que existe,…El que creó la hierba que da vida al ganado Y las plantas para los hombres…»[14]

Tenemos entonces de nuevo el concepto hermafrodita de la materia originaria, con todas las consecuencias que derive.

La practicidad de la moral la hacen deducir reemitiéndonos a los comienzos: Guiándonos por el Texto de los Sarcófagos 80, los dos hijos del demiurgo Atum, poseían características propias. Shu se identificaba como el principio de la vida y Tefnut encarnaba el orden moral: estas dos divinidades encajarán dentro de las analogías del árbol del bien y del mal usada por los hebreos al referirse al Edén. Luego Atum (coaccionado por Nun, la gran inundación) debe besar a su hija Tefnut (los principios morales) para discernir y tener autonomía de conciencia sobre la moral. (Los egipcios creían que viviendo una vida moralmente correcta obtendrían la inmortalidad y por derivación la divinidad).[15]
[1] Demostrando el poder de la nobleza sobre el monarca. Durante esta dinastía el trono se hace hereditario y al futuro faraón se le entrena enviándolo como virrey de Nubia.
[2] Durante su poderío y esplendor, se formalizó la momificación, implementando la evisceración, mediante cortes hechos al lado izquierdo del vientre. El despilfarro de vendas y pedazos de tela para rellenar vacíos entre los miembros y el cuerpo se estandarizó.