jueves 1 de mayo de 2008

Historia de Castilla, History of Castile


«Consta que en siglo VII se usó ya el nombre de Castilla, aunque no se extendió hasta la siguiente centuria, aplicándose al territorio que antes habitaban los murbogos o turmódigos y otros pueblos entre el río Duero y la cordillera Cantábrica. El Primer documento en que se cita el nombre Castilla es árabe y data del año759; luego se ve en algunos escritos latinos, siendo el más antiguo de éstos del año 801. Habiéndose extendido este nombre a la región habitada por los turmódigos, vacceos y arévacos, fue necesario dar un nombre a la región de de los autrigones y cántabros, que lo diferenciara de aquella, y llamóse a esta última Castella Vellegia, de la ciudad Vellica o Vellegia. Luego se convirtió en el nombre en Castella Vetula. Los documentos de los siglos VIII a IX citan castella, Castella Barduliae, Castella Vellegia, Castella Vetula y Castella Veteri. Entonces se llamaba Castella Nova la región de Burgos, Palencia y Osma, pero cuando Alonso VI en el siglo XI se apoderó del reino de Toledo, pasó a éste el nombre de Castilla la Nueva.
…Créese que algunos principales señores hicieron armas contra los moros y fueron gobernando el terreno que conquistaban con permiso de los reyes de Oviedo y con el título de condes
[1].Primitivamente los condes sólo gobernaban un cierto tiempo, pasado el cual eran substituidos por otro que nombraba el rey. Más adelante, por los servicios prestados a los reyes, los condados fueron vitalicios y después hereditarios. Castilla estuvo dividida en pequeños Estados pertenecientes a distintos condes, todos los cuales estaban regidos por el de Burgos. Se cree que el que fundó el condado de Castilla, quitando aquel terreno a los moros, fue un tal Rodrigo, quien tuvo un hijo llamado Diego Porcellos que le sucedió en el Título. El referido Diego Porcellos tuvo una hija llamada Sullabella que se casó con Belchudes, príncipe alemán, quienes siguieron en el condado a Porcellos, éstos tuvieron dos hijos: Nuño Rasura y Gustavo González, el primero tuvo a Gonzalo Fernández[2], padre del gran conde Fernán González, y Giustios González tuvo a Gonzalo Giustios, padre de los siete infantes de Lara. El condado de Castilla permaneció algún tiempo subordinado a los reyes de León, haciéndose por fin independiente en tiempo de Sancho I el Craso, gracias a la política y valor de Fernán González. Los condes que hubo en Castilla desde que ésta se declaró independiente, fueron: el célebre Fernán Gonzalez[3], a quien siguió su hijo Garci Fernández[4], que asistió a la batalla de Calañetazor; a éste sucedió su hijo Sancho García[5], y a Sancho García su hijo García[6], asesinado por los Velas en león, por lo cual tomó posesión del condado su hermana doña Mayor, casada con Sancho, rey de Navarra. El condado de Castilla se erigió en reino, uniéndose al de León, de esta manera: Sancho, conde de Castilla, tenía dos hijas y un hijo, llamados Mayor, Jimena y García; Mayor se casó con Sancho, rey de Navarra; Jimena con Bermudo III[7], rey de León, y García[8] con Sancha, hermana del citado Bermudo, uniéndose de este modo las tres casas gobernantes de los tres principales Estados de España.
Cuando murieron los reyes de Navarra Sancho II y Mayor, quedaron: rey de Navarra García, hijo mayor de Sancho y Mayor; rey de Castilla Fernando, hijo segundo de los referidos reyes a quien su madre Mayor cedió aquel Estado con el título de rey y no con el de conde, que hasta entonces había llevado; y como Bermudo III murió sin sucesión, heredó el reino de León su hermana Sancha, casada con Fernando, rey de Castilla, uniéndose así por vez primera en Fernando I y Sancha las coronas de Castilla y León.»[9]

Según otra versión[10], Sancho II El fuerte. Su padre Fernando I le había heredado Castilla, mientras que a su hermano Alfonso VI le había asignado Galicia y León. Esto originó permanentes enfrentamientos que solo acabaron con la muerte de Sancho II y la anexión del reino castellano por Alfonso VI. A este monarca le tocó enfrentarse de nuevo al ataque de un nuevo poder musulmán, los almorávides, llegados a la península por la alarma que causó entre los reyes musulmanes hispánicos la conquista de la ciudad de Toledo y de todo el reino que la circundaba (Talavera, Madrid, Guadalajara, Hita, Consuegra, Atienza y Oreja), en 1805, lo que hizo avanzar la frontera castellano-musulmana del Duero al Tajo. A pesar de sus derrotas, especialmente las de Sagrajas (1086) y Uclés (108), Alfonso Vi conservó lo esencial de sus conquistas.
El reinado de Alfonso VI[11] fue el escenario de la actividad de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, infanzón castellano que había accedido a puestos de responsabilidad con Fernando I y Sancho II y fue postergado por la oposición de los nobles bajo Alfonso VI. Ello le llevó a ponerse sucesivamente al servicio de diversos poderes peninsulares, ya cristianos, ya musulmanes, como la taifa zaragozana, el reino aragonés o el castellano, para culminar, él mismo como señor de Valencia (1094-1099) al servicio del rey Alfonso VI, que logró mantener su dominio sobre la ciudad hasta el año 1102.
Al morir Alfonso VI sin sucesión masculina, heredó sus reinos su hija Urraca, que al casar con Alfonso «EL Batallador» de Aragón, unificaría mediante pacto (1109) los dos reinos. No obstante, hubo una fuerte oposición de sectores de la nobleza y del clero y disensiones entre ambos cónyuges. Dado que el matrimonio fue disuelto por parentesco-ambos eran bisnietos de Sancho III el Mayor-fracasó la idea fusionista e imperial de Alfonso VI, transmitido al «Batallador». Pese a que el titulo de emperador lo heredó Alfonso VII (1126-1157), coronado solemnemente emperador en la catedral de León (1135), su reinado prolongó las tensiones incubadas en el periodo anterior. En 1143 se acabó reconociendo la independencia portuguesa, instigada por la Iglesia, que igualmente actuó para lograr el ascenso de los obispos de Santiago.

The name of the Castile is derived from the many castles (castillas) built for protection against the Moors. The first inhabitants of New Castile were the Iberians. By 1100 B.C. the Phoenicians had established themselves and developed the mining of precious metals, only to be replaced by the Carthaginians in about 237 B.C. They, in turn, were driven out by the Romans in 9 B.C. When Visigoths formed their kingdom under Leovigild about 569, Toledo became the capital of Spain. In 711 the Moors defeated the last of the Visigothic kings, and the territory came under the rule of the Muslim caliphate of Damascus. In 756 the envoys of the caliphate of Damascus. In 756 the envoys of the caliph broke away from the administrative center of the Moorish empire and established the independent caliphate of Córdoba. Internal dissension again brought a division, and after 1035 New Castile became an independent state, with its stronghold at Toledo.
Castile had its beginning under García, King if León (ruled 910-94), who expanded his frontier on the east and built numerous castles, from which the name Castile was derived. Count Fernán González of Burgos, later Castile (ruled 932-970), allied himself with the Moors and made his expanded county autonomous. He was succeeded in 970 by Sancho the Great of Navarre, who united Castile and Navarra, and began the conquest of León which was completed by Ferdinand I if Castile (ruled 1035-1065). After a brief separation, León and Castile were again united and were greatly extended again in wars against the Moorish invaders by Alfonso VI (ruled 1072-1109)
At this time the Christian kings of the north began to unite their forces against the Moors in 1085 the armies of the kingdoms of León and Old Castile captured Toledo and formed New Castile. The territory was slowly extended southward, and the marriage of Ferdinand and Isabella united the kingdoms of Castile and Aragon.[12]
[1] Las comunidades campesinas alternaban el trabajo con la defensa militar de las zonas reconquistadas; esto motivó la creación de un sistema de relaciones personales o colectivas denominadas behetrías, que diferenciaban al campesino castellano del de los otros reinos peninsulares. Las comunidades rurales podían elegir a su propio señor incluso después del establecimiento, hacia el siglo X, de una nobleza hereditaria.
[2] Dueño de amplios dominios entre los que destacaba Burgos, y que mantuvo buenas relaciones con García Sánchez I, rey de Navarra, que culminaría en su matrimonio con la hermana de éste.
[3] 930-970. Debido a su actividad independentista, fue encarcelado por el rey Ramiro II. Unió en su persona los condados de Castilla, Burgos, Álava, Lantarón y Lara.
[4] García Fernández. 938-995. Actuando como señor independiente seguía reconociendo la soberanía de León. Tuvo que resistir los duros ataques de los generales califales Gälib y Almanzor, para lo que puso en pie de guerra a los campesinos de las zonas fronterizas elevándolos al rango de infanzones, es decir, nobleza de segunda. En los sucesivos vaivenes ganó y perdió San Esteban de Gormaz y murió encarcelado en Córdoba como consecuencia de una conjura de su hijo Sancho, que le sucedió.
[5] Fue derrotado por éste en Peña Cervera (1000), pero al morir Almanzor pactó son su sucesor Abd-al-Malik. En tiempos de las luchas civiles de Córdoba, apoyó militarmente a los beréberes, recibiendo a cambio diversas plazas en la línea del Duero, como San Esteban, Clunia, Osma o Gormaz. Se le conoce como ‘el de los buenos fueros’, por los privilegios otorgados a diversas poblaciones de su condado. Sancho I García, que según el cronista musulmán Ibn Hayyan estaba muy arabizado, fundó el monasterio de Oña (1001). Falleció el 5 de febrero de 1017. Microsoft ® Encarta ® 2007. © 1993-2006 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.
[6] 107-1029. Menor de edad, asesorado por un consejo favorable a la colaboración con Navarra. Esta aproximación desembocó en la incorporación de Castilla A Navarra por Sancho III el Mayor (1029).
[7] Vermudo III
[8] Fernando según Nueva Larousse P45 Volumen 8, Plaza & Janés SA Editores, Barcelona 1981. pero éste, que quería más territorio, declaró la guerra a Bermudo III, su cuñado, rey de León, y para cortar esta guerra celebraron un tratado en virtud del cual se casó Sancha, viuda de García, con Fernando, hijo segundo de los reyes de Navarra.
[9] Enciclopedia Universal Ilustrada europeo americana. Espasa Calpe SA Madrid 1979
[10] Nueva Larousse P45 Volumen 8, Plaza & Janés SA Editores, Barcelona 1981
[11] Fue el segundo monarca en ocupar el trono de ambos reinos cristianos.
[12] Collier´s Encyclopedia. U.S.A. 1963.

Proverbios de Babilonia

Esta muestra de proverbios corresponde al siglo XVII a.C., en Babilonia:
« ¿Se pueden hacer hijos sin hacer el amor? ¿Puede uno engordar sin comer?»

«Estamos condenados a morir; gastemos, pues. Viviremos aún muchos años; economicemos, pues.»

«La cebada temprana prosperará - ¿qué sabemos nosotros? La cebada tardía prosperará - ¿qué sabemos nosotros?»

«Al pobre más le valdría estar muerto que vivo:
Si tiene pan, no tiene sal; Si tiene sal, no tiene pan; Si tiene carne, no tiene cordero; Si tiene un cordero, no tiene carne.»

«Al pobre le prestan dinero y preocupaciones»

«Quien tiene mucho dinero es, sin duda, dichoso; Quien posee mucha cebada es, sin duda, dichoso, Pero el que nada posee puede dormir.»

«Soy un corcel de raza; Pero voy uncido con un mulo Y tengo que tirar de la carreta,
Y transportar cañas y bálago.»

«Para aquel que está bien establecido, Para aquel que no es más que viento,
¿Debo yo guardar mi amor?»

«Una mujer agitada, en casa, Añade la enfermedad a las molestias.»

«El botijo en el desierto es la vida del hombre; El calzado es la niña de los ojos del hombre;
La esposa es el porvenir del hombre; El hijo es el refugio del hombre;
La hija es la salvación del hombre; Pero la nuera es el infierno del hombre.»

«La amistad dura un día, El parentesco dura siempre.»

«Quien edifica como un señor, vive como un esclavo;
Quien edifica como un esclavo, vive como un señor.»

«El Estado cuyo armamento sea débil No podrá alejar al enemigo de sus puertas.»

«Tú puedes tener un amo, tú puedes tener un rey; Pero a quien tienes que temer es al recaudador.»

«En una ciudad sin perros de guardia, El zorro es el vigilante»
«La escritura es la madre de la elocuencia Y padre de los artistas» [1]
[1] Tomado de Ortiz Herrera Angel Eulises. Fundamentos Culturales del Judaísmo I, Página 104-105.

martes 29 de abril de 2008

Cantar de los cantares de Babilonia

Los templos (en Babilonia) se erigían entonces como morada del dios, del intercesor, en el punto de encuentro entre lo elevado y lo rastrero, lo divino y lo humano. Allí se consumaba el matrimonio sagrado en el año nuevo, significando la renovación de la vida y del mundo (eterno retorno); dicha ceremonia se ejecutaba entre el soberano y una de las sacerdotisas de Inanna[1] (diosa de la procreación) y aseguraba la fertilidad del campo y de las hembras en general. Iba precedida por grandes banquetes, músicos, cánticos y danzas:

Esposo, amado de mi corazón. /Grande es tu hermosura, dulce como la miel. /León, amado de mi corazón, /Grande es tu hermosura, dulce como la miel. /Tú me has cautivado, déjame que permanezca temblorosa ante ti; /Esposo, yo quisiera ser conducida por ti a la cámara. /Tú me has cautivado, déjame que permanezca temblorosa ante ti; /León, yo quisiera ser conducida por ti a la cámara. /Esposo, déjame que te acaricie; /Mi caricia amorosa es más suave que la miel. /En la cámara llena de miel, /Deja que gocemos de tu radiante hermosura; /León, déjame que te acaricie; /Mi caricia amorosa es más suave que la miel. /Esposo, tú has tomado tu placer conmigo; /Díselo a mi madre, y ella te ofrecerá golosinas; /A mi padre, y te colmará de regalos. /Tu alma, yo sé cómo alegrar tu alma; /Esposo, duerme en nuestra casa hasta el alba. /Tu corazón, yo sé cómo alegrar tu corazón; /León, durmamos .en nuestra casa hasta el alba. /Tú, ya que me amas, Dame, te lo ruego, tus caricias. /Mi señor dios, mi señor protector, /Mi Shu-Sin, que alegra el corazón de Enlil, /Dame, te lo ruego, tus caricias. /Tu sitio dulce como la miel. /Te ruego que pongas tu mano encima de él, /Pon tu mano encima de él como sobre una capa-gishban, /Cierra en copa tu mano sobre él /Como sobre una capa-gishban-sikin. /Éste es un poema-balbale de Inanna.

Se encuentran en este poema, igual que en el precedente, las palabras de amor dirigidas por una sacerdotisa anónima al Rey, su Esposo; pero su composición es muy embrollada y algunos de sus pasajes permanecen algo oscuros:

Ella ha dado a luz a aquel que es puro, /Ella ha dado a luz a aquel que es puro, /La reina ha dado a luz a aquel que es puro, /Abisimti ha dado a luz a aquel que es puro, /La reina ha dado a luz a aquel que es puro. / ¡Oh, reina mía, adornada de hermosos miembros! / ¡Oh, reina mía, que eres... de cabeza, mi reina Kubatum! / ¡Oh, señor mío, que eres... de cabellos, oh, señor mío Shu-Sin! / ¡Oh, señor mío, que eres... de palabras, oh, hijo mío de Shulgi[2]! /Porque yo le he cantado, porque yo le he cantado, /El señor me ha hecho un regalo. /Porque he cantado el allan, el señor me ha hecho un regalo; /Un broche de oro, un sello de lapislázuli, /El señor me los ha dado como regalo; /Un anillo de oro, un anillo de plata, /El señor me los ha dado como regalo. /Señor, tu regalo es desbordante de..., /Alza tu rostro hacia mí, /Shu-Sin, tu regalo es desbordante de..., /Alza tu rostro hacia mí. /...señor...señor...,/...como un arma..., /La ciudad levanta su mano como un dragón, mi señor Shu-Sin, /Y se extiende a tus pies como un leoncillo, hijo de Shulgi. /Dios mío, de la doncella que escancia el vino, /Dulce es el brebaje. /Como su brebaje, dulce es su vulva, dulce es su brebaje, /Como sus labios, dulce es su vulva, dulce es su brebaje, /Dulce es su brebaje mezclado, su brebaje. /Mi Shu-Sin, que me has concedido tus favores, /¡Oh, mi Shu-Sin, que me has concedido tus favores, que me has mimado. /Mi Shu-Sin, que me has concedido tus favores, /Mi bienamado de Enlil, mi Shu-Sin, /Mi rey, el dios de su tierra! /Éste es un poema-balbale de Bau. [3]

Ver también Il Cantico dei Cantici
[1] Véase también Isis.
[2] «joven noble», segundo rey de la tercera dinastía de Ur (2036-2028)
[3] Tomado de Ortiz Herrera Angel Eulises. Fundamentos Culturales del Judaísmo I, Página 103-104.

Job mesopotámico (de Babilonia)

Año 1.700 a.C. (mil años y algo más antes que la redacción hebrea de Job). Un hombre justo caído en desgracia, aun sintiéndose inocente no maldice a su dios personal (intercesor), sino que lo conmueve con su humilde oración, tributándole loas (así en secreto pudieran parecerle injustos sus sufrimientos) y logrando de él, posteriormente, resarcir sus pérdidas y quebrantos. Sin olvidar que las desdichas humanas, según ellos, eran consecuencia de las malas acciones y no era a los dioses a quienes habría que recriminar.

El poema puede diseccionarse en cuatro partes cruciales. Una primera que sirve como introducción:
Que el hombre proclame sin tregua la excelencia de su dios, /Que el hombre loe con toda sinceridad las palabras de su dios, /Que aquel que mora en el país justo se lamente, /En la Casa del Canto, y que interprete para su compañera/Y para su amigo...

Que su lamentación enternezca el corazón de su dios, Porque el hombre, sin dios, no conseguiría su alimento.

Una segunda donde plantea su situación:
« ¡Dios mío, que repartes sobre la tierra/El claro resplandor del día—para mí es oscuro, /Para mí todo son duelos, lamentaciones y penas!/El dolor me domina como si fuera uno/Que ha sido elegido solo para las lágrimas.../ ¡Oh, dios mío, que eres mi padre, /Que me engendró, ilumina mi rostro!/ ¡Cuánto tiempo voy a estar todavía abandonado, /Cuánto tiempo he de añorar tu protección!»

Una tercera parte donde el poeta, habiendo descrito su situación procede a filosofar sobre la misma:
Yo soy un hombre, un hombre ilustrado,/Y, no obstante, el que me respeta no prospera./Mi palabra verídica ha sido transformada en mentira./El hombre engañoso me ha cubierto con el Viento del Sur./Y estoy obligado a servirle./Aquel que no me respeta me ha humillado ante Ti./Tú me has infligido sufrimientos siempre nuevos./He entrado en la casa, y pesado está mi espíritu./Yo, el hombre, he salido a la calle,/Con el corazón oprimido./Contra mí, el valiente, mi leal pastor ha montado en cólera,/Y me han considerado con enemistad;/Mi pastor ha ido en busca de las fuerzas del mal/Contra mí, que no soy su enemigo./Mi compañero no me dice ni una palabra de verdad,/Mi amigo da un mentís a mi palabra verídica./El hombre engañoso ha conspirado contra mí,/Y Tú, Dios mío, Tú no lo contrarías.../Yo, el sabio, ¿por qué me hallo ligado a jóvenes ignorantes?/Yo, el ilustrado, ¿por qué soy tenido entre la legión de los ignorantes?/El alimento está en todas partes,/Y, no obstante, mi alimento es el hambre./El día cuyas partes han sido atribuidas a todos,/Ha reservado para mí la del sufrimiento./…Dios mío, yo permaneceré ante Ti Y Te diré..., mi palabra es un gemido, Te hablaré de esto, y me lamentaré de la amargura de mi camino, Deploraré la confusión de... ¡Ah! No permitas que la madre que me dio a luz/Interrumpa su lamentación por mí ante Ti. ¡No permitas que mi hermana emita un/ alegre cántico, Que explique, llorando, mis desdichas ante Ti, Que mi esposa exprese/ con dolor mis sufrimientos! ¡Que el sochantre deplore su amargo destino!/Dios mío, el día brilla luminoso sobre la tierra; /Para mí el día es negro. /El día brillante, el día bueno tiene... como el... Las lágrimas, la tristeza, la angustia y/la desesperación/Se han alojado en el fondo de mí. Se me engulle el sufrimiento/Como un ser escogido únicamente para las lágrimas, La mala suerte me tiene en sus/ manos, se lleva el aliento de mi vida. La fiebre maligna baña mi cuerpo... Dios mío, / oh, Tú, padre que me has engendrado, /Levanta mi rostro. /Como una vaca inocente, en compasión... el gemido, ¿Cuánto tiempo me abandonarás, Me dejarás sin protección?/Igual que un buey.../¿Cuánto tiempo me dejarás sin gobierno?/Dicen, los sabios valientes, que la palabra virtuosa es sin ambages;/«Jamás niño sin pecado salió de mujer,/Jamás existió un adolescente inocente/Desde los más remotos tiempos.»

Y el final feliz de esta odisea moral, como cuarta parte: El hombre — su dios prestó oídos/A sus amargas lágrimas y a su llanto; / El joven — sus quejas y lamentos/Ablandaron el corazón de su dios: / Las palabras virtuosas, las palabras sinceras pronunciadas por él,/Su dios las aceptó./Las palabras que el hombre confesó a modo de plegaria /Fueron agradables a la..., la carne de su dios,/Y su dios dejó de ser el instrumento de su mala suerte/...que oprime el corazón,...lo aprieta,/El demonio-enfermedad envolvente, que había desplegado todas sus grandes alas,/El lo rechazó;/El mal que le había herido como un..., él lo disipó;/ La mala suerte que para él había sido decretada según su decisión, /Él la desvió. /Él transformó en gozo los sufrimientos del hombre, / Colocó junto a él los genios bienhechores/Como guardianes y como tutores, Dio... ángeles de aspecto gracioso.. [1]
[1] Tomado de Ortiz Herrera Angel Eulises. Fundamentos Culturales del Judaísmo I, Página 101-103.

domingo 27 de abril de 2008

TIY (Tiya, Tiye, Tiyi, Teje)

UNA PROVINCIANA EN EL TRONO EGIPCIO
El reinado de Tutmosis III duró 54 años, desde 1504 hasta 1450 a. J.C. Le sucedieron el segundo de los Amenhotep (1453-1419), el cuarto y último representante del linaje de los Tutmosis (1419-1386) y Amenhotep III, quien durante 37 años, de 1386 a 1349, gobernó sobre un Egipto rico, luminoso y feliz. Junto al monarca hallamos un hombre sabio, Amenhotep, hijo de Hapu, de tan alta reputación que el faraón mandó construir un templo donde se veneraría su ka: hasta los últimos días de la civilización egipcia, la memoria de Amenhotep, hijo de Hapu, fue venerada en el santuario de Dayr al-Bahari, donde tiene su sitio al lado de Imhotep.
Entre las numerosas obras maestras de la época de Amenhotep III el templo de Luxor es, sin duda, el más representativo: por la delicadeza de los bajorrelieves, la pureza de las columnas y la milagrosa síntesis de fuerza y gracia. La luz del reino resplandece en cada una de sus piedras.
El faraón, conviene repetirlo, se encarna en una pareja real. Amenhotep III supo elegir una esposa excepcional, Tiy.
La joven no pertenecía a la familia real. Probablemente nació en Jammin (la Panópolis de los griegos actual Ajmin), en el Egipto Medio; la ciudad se hallaba bajo la protección del dios Min, garante de la fecundidad y de la regeneración perpetua de la naturaleza. Su padre, Yuya, era sacerdote de Min, estaba al mando de los carros de guerra y era intendente de las caballerizas. Se ocupaba con esmero de los caballos, reservados al cuerpo de élite del ejército egipcio. Tal vez fue Yuya quien enseñó al rey a montar a caballo. Según su momia, admirablemente conservada, el padre de la futura reina era un hombre muy alto, de una fuerza física evidente, que debió de parecerse al actor americano Charlton Heston, el inolvidable Ben-Hur. Su esposa, Tuya, era la superiora del harén de Min; dirigía, por tanto, una institución que era al mismo tiempo religiosa y económica. El muy antiguo título de «adorno real» le daba acceso a la corte, y participaba en las fiestas y rituales en los que también intervenían el faraón y su sucesor.
¿Cuándo conoció el futuro Amenhotep III a la joven Tiy? Lo ignoramos. Su matrimonio con una mujer ajena al círculo de las altas personalidades de la corte no supuso, de cualquier modo, ningún problema. Con motivo de la boda se fabricaron escarabajos de cerámica, de unos diez centímetros de largo, en los que se grabó el siguiente texto: «¡Faraón y la gran esposa real Tiy, larga sea su vida! Su padre se llama Yuya y su madre Tuya. Tiy es la esposa de un poderoso soberano cuya frontera sur llega a Karoy (en Sudán) y la frontera norte hasta Naharina (Asia)”.
Se enviaron escarabajos a todas las provincias de Egipto, e incluso al extranjero, anunciando el reinado de la nueva pareja real. Gracias al buen funcionamiento del correo egipcio, la noticia no tardó en propagarse.
Tiy no olvidó mencionar a sus padres, por quienes sentía un gran afecto. Pasaron el resto de sus días junto a la reina, que no olvidó tampoco a su hermano Anen. Éste llegó a desempeñar altos cargos en el clero de Amón y de Ra-Atum, y se convirtió en uno de los allegados del faraón.
DOS RETRATOS DE TIY
Siempre resulta delicado utilizar el término «retrato» en referencia al arte egipcio, ya que los escultores, «los que dan la vida», se interesaban en representar el ka de un ser, su energía física imperecedera, y no su individualidad física. En algunos casos, sin embargo, cuando se trata de estudios preliminares, esbozos u obras desprovistas de carácter oficial, nos es posible adivinar los rasgos de tal o cual gran personaje.
En el caso de la reina Tiy existen dos cabezas minúsculas que posiblemente tienen valor de retrato. La más célebre fue descubierta en un santuario de Serabit al-Jadim, en el Sinaí; mide siete centímetros de alto por cinco de ancho y está tallada en esteatita, una piedra pizarrosa verde. Digámoslo de entrada: Tiy no tenía una cara fácil: los ojos son estrechos, los pómulos pronunciados, el dibujo de los labios es severo y su barbilla pequeña y puntiaguda. Todo deja adivinar una voluntad afirmada y un carácter altivo y dominador.
El segundo «retrato» fue descubierto en el paraje de Madinat al-Gurob, en el Fayum; se trata de una pequeña cabeza de madera de tejo, de once centímetros, actualmente conservada en el Museo de Berlín. Nos encontramos ante la misma intensidad, la misma determinación, la misma fuerza interior que observábamos en la otra pieza. Tiy fue, no cabe duda, una mujer poderosa.
EL GOBIERNO DE TIY: LA CASA DE LA REINA
En la morada para la eternidad de Jeruef (tumba tebana núm. 192), cuyos relieves se cuentan entre las obras maestras más depuradas del arte egipcio, la reina Tiy desempeña el papel de diosa de oro, Hator, y participa en la regeneración ritual del rey. Ella le ofrece su protección mágica y le asegura millones de años de reinado, mientras unas sacerdotisas celebran los festejos con danzas y cantos. La vemos en compañía de su hijo Amenhotep IV, que todavía no se había convertido en Aj-natón, realizando ofrendas a las divinidades, especialmente a Atum, el creador. El futuro faraón venera además a Ra, el dios de Heliópolis, y a sus propios padres, Amenhotep III y Tiy, no sólo como personas sino también como pareja inmortal.
Durante el ritual de regeneración del faraón, Tiy actúa como gran sacerdotisa iniciada en los misterios de Hator; lleva el collar de la resurrección, luce una corona de uraeus rematada por dos plumas y un disco solar. Tiy está presente durante el punto culminante del ritual, la erección del pilar «estabilidad (djed)», símbolo de la resurrección de Osiris.
La reina Tiy estuvo asociada a todos los acontecimientos destacables del reinado y «presidió el Alto y Bajo Egipto». Muchos actos oficiales llevan una mención explícita: «bajo la majestad del rey Amenhotep III y de la gran esposa real Tiy». Un texto de la tumba de Jeruef hace una precisión fundamental: «Ella es semejante a Maat (la regla universal) que sigue a Ra (la luz divina) y se encuentra de este modo en el séquito de tu majestad (el faraón)”. Al encarnar a Maat en la tierra, la reina es a la vez la armonía indestructible del cosmos y el cimiento intangible sobre el cual se construye la sociedad egipcia. En el lejano Sudán, la pareja real hizo edificar dos templos, uno en Soleb para la regeneración permanente del ka real, y otro en Sedeinga, donde la magia de la reina perpetúa el ser del faraón. Los dos santuarios, indisociables, componen la imagen de la pareja real, prefigurando el dispositivo simbólico de Abu Simbel para Ramsés y Nefertari.
Se ha escrito mucho sobre el carácter lascivo de Amenhotep III, sobre sus innumerables mujeres, su pereza de déspota oriental, proyectando sobre Egipto fantasmas y crueldades sin ninguna relación con la realidad egipcia. Tomemos un ejemplo concreto: en el año 10 de su reinado, Amenhotep III toma por esposa a Gilukhipa, hija del rey de Mitanni, región de Asia con la que Egipto había tenido problemas. Ese «matrimonio» diplomático tenía por objetivo sellar la paz y evitar cualquier conflicto. Se fabricaron escarabajos con los nombres de Amenhotep III y de Tiy, quienes de este modo proclamaban la necesidad de este acto político. Tiy no tuvo que luchar contra una extranjera, pues Gilukhipa, a semejanza de las otras «esposas diplomáticas» del Imperio nuevo, adoptó un nombre egipcio y se instaló en la corte.
Tiy tenía su residencia habitual en la maravillosa ciudad de Tebas, la ciudad victoriosa simbolizada por una mujer sosteniendo un arco, flechas y una maza blanca. La Tebas de los verdes jardines, los incontables estanques y lagunas, la de las grandes villas rodeadas de árboles y templos magníficos donde residían las divinidades. Tebas, la reina de las ciudades y la matriz del mundo. Tebas, donde las invitadas a los banquetes rivalizaban en elegancia y donde los días transcurrían felices.
Tiy disponía de una administración eficaz, la «casa de la reina», integrada en la «casa del faraón». Lo que nosotros llamamos hoy día «palacio» se presentaba como un conjunto sagrado y profano a la vez, donde convivían sacerdotes y funcionarios. En la «casa de la reina» había talleres poblados de artesanos, panaderos, cerveceros, carpinteros y orfebres; contaba con almacenes, un erario, servicios médicos y laboratorios. La soberana reunía a sus mayordomos y jefes de equipo, velaba por la buena gestión de sus bienes y actuaba como una auténtica directora de empresa.
EL LAGO DE TIY
En el año 11 del reinado, el primer día del tercer mes de la primera estación, es decir, hacia finales de setiembre, el rey ordenó construir un lago en honor de la gran esposa real Tiy. El emplazamiento escogido fue Yaruja, al norte de la ciudad de Jammin, de donde eran originarios los padres de la reina.
Las dimensiones del lago eran bastante impresionantes: 3.700 codos de largo por 700 de ancho, es decir, cerca de dos kilómetros por 365 metros. Una vez más, la «emisión de escarabajos» nos pone al corriente del acontecimiento. Los ingenieros egipcios y su personal fueron tan hábiles que la fiesta de inauguración del lago tuvo lugar... quince días después, lo que parece imposible.
En esta ocasión, la barca real, sin duda chapada en oro, navegó por el lago brillando con mil luces. El nombre de la barca era de lo más significativo: «Atón resplandece”. Atón, el nombre egipcio del disco solar. Atón, el dios que el faraón Ajnatón incluiría en su nombre unos años después y en honor del cual erigiría una nueva capital.
¿Se trataba realmente de un lago de placer sólo para la distracción de la reina? De ninguna manera. Como ha demostrado Jean Yoyotte, el rey quería construir un depósito de irrigación para mejorar los cultivos. Al cerrar los canales que cruzaban los diques, los técnicos habían creado un «lago» artificial cuya masa de agua bastaría para empapar el suelo y facilitar su fertilización. La verdadera apertura del depósito consistió en abrir canales para permitir que el agua fluyese. Previamente, la navegación ritual de la barca «Atón resplandece» había consagrado el estanque y hecho fecunda la tierra. La reina, una vez más, había desempeñado su función divina.
LA REINA VIUDA
Al cabo de muchos años de felicidad, una terrible prueba se le presentó a Tiy: la muerte de Amenhotep III. La reina hizo grabar en un escarabajo conmemorativo esta conmovedora inscripción: «La gran esposa real, Tiy, ha redactado este documento, que es suyo, para su hermano bienamado, el faraón”. El hermano bienamado, junto al que había reinado sabiamente, había partido hacia el Hermoso Occidente dejándola sola a la cabeza del Estado.
Tenían dos herederos aptos para reinar: una hija, Satamón, la «hija de Amón», y un hijo, llamado a convertirse en el cuarto del linaje de los Amenhotep. Pero eran jóvenes y, tanto uno como el otro, carecían de experiencia.
Tiy tuvo que sobrellevar la prueba y reinar. En una carta, el rey de Mitanni, Tusratta, escribía a la reina lo que sigue: «Conoces todo lo que he hablado con tu marido, el faraón. Sólo tú conoces esas palabras”. Tiy, efectivamente, era la única que conocía todos los secretos de Estado y podía conducir la nave de Egipto, una ciencia que transmitió a sus hijos. El joven Amenhotep IV y su esposa, Nefertiti, fueron sus atentos discípulos.
TIY Y LA «REVOLUCIÓN» DE AJNATÓN
Satamón, la hija de la reina, no llegó a tener ningún protagonismo. Por supuesto, dispuso de importantes propiedades y disfrutó de una posición preeminente en la corte; pero desapareció de los documentos oficiales, ya fuera debido a una muerte prematura, ya porque renunciara al peso del poder.
Una nueva pareja real, formada por Amenhotep IV y por Nefertiti, pasó a ocupar entonces el primer plano de la escena, no sin realizar antes un llamativo gesto. Después de un inicio de reinado «tradicional», Amenhotep IV cambió de nombre, es decir, de programa espiritual y político, y se convirtió en Ajnatón, «el que es útil a Atón»; el nombre de aj, que significa a la vez «ser útil» y «ser luminoso» incluye un juego de sentido. Como Atón era una forma divina sin punto de anclaje particular en el territorio egipcio, Ajnatón creó para él una ciudad, Ajtatón, «el lugar de luz de Atón», en la zona de Tell al-Amarna, en el Egipto Medio. La corte se trasladó hasta allí y Tebas se vio reducida al rango de una ciudad de segundo orden. No sólo no hubo una guerra civil, sino que además el propio Ajnatón fijó los límites de su experiencia en el espacio y en el tiempo. En el espacio, sus hitos, en forma de estelas, delimitaron el territorio del dios Atón; en el tiempo, la supremacía de Atón llegaría a su fin con la muerte del rey. ¿Qué papel jugó exactamente Tiy en esta mal llamada «revolución»? Considerarla su inspiradora es, sin duda, excesivo, pero ella no se opuso. ¿Cómo habría podido ella, viuda del faraón, contestar la voluntad del rey? Tiy, según parece, se mantuvo al lado de su hijo y actuó de vínculo entre Tebas y la capital del dios Atón, donde habitaba en un palacio que su hijo había hecho construir para ella. Tebas no había muerto como ciudad, y Tiy tuvo que realizar un buen número de viajes para mantener los lazos entre las ciudades de Amón y de Atón. Durante la estancia de Tiy en la nueva capital se organizaron banquetes en su honor. Nefertiti le hizo el honor de un cálido recibimiento y Ajnatón la llevó al templo de Atón. En el gran patio, bañado por los vivificantes rayos del sol, el rey sostuvo la mano de su madre; ambos se recogieron con expresión de dignidad y serenidad. Más allá de la ternura y del respeto mutuo, este gesto prueba que Ajnatón se situaba en una continuidad dinástica avalada por la reina madre y que no era su intención introducir ningún cambio en la institución faraónica.
Muy buena conocedora de la política internacional, tal vez Tiy alertara a Ajnatón cuando llegó el día en que el prestigio de Egipto empezó a decaer. Más preocupado por la puesta en práctica de su mística solar, el rey desdeñó los informes inquietantes procedentes del extranjero. Cuando su madre murió, en el año 8 de su reinado, nadie colmó el vacío que ella dejó.
¿TIY EN EL VALLE DE LOS REYES?
¿Dónde fue enterrada Tiy? Existen importantes indicios que nos orientan hacia la tumba número 55 del Valle de los Reyes, una modesta sepultura carente de decoración esculpida, como era regla común para las personas que no eran faraones pero que disfrutaron del insigne privilegio de reposar en este excepcional lugar.
La tumba 55 contenía objetos con el nombre de Amenhotep III y de Tiy. Según uno de los arqueólogos, contenía un trineo para la momia, un féretro, amuletos, frascos de perfumes y varias piezas raras... que desgraciadamente resultaron destruidas al sacarlas del panteón. Notas no publicadas e informes de excavación poco fiables nos han condenado a permanecer en la ignorancia. La tumba 55 tal vez tenía como función albergar la momia de Tiy y luego sirvió de escondrijo a Ajnatón, antes de cambiar de destino en la época ramésida. Son hipótesis plausibles, pero nada más que hipótesis.
La reina dejó un recuerdo duradero; varias fundaciones funerarias, en Tebas y en el Egipto Medio, celebran su memoria y fue objeto de culto. Tiy, gran esposa real de un monarca sabio y benefactor, una reina de transición entre la época luminosa de Amenhotep III y la experiencia religiosa de Ajnatón, marcó su tiempo con una huella indeleble »[1]
[1] JACQ CHRISTIAN. LAS EGIPCIAS .Retratos de mujeres del Egipto faraónico. Traducción de MARÍA JOSÉ FURIÓ. © Editorial Planeta, S. A., 1997, Barcelona (España).

Afrodita

Afrodita[1], Diosa del Deseo, surgió desnuda de la espuma del mar y, surcando las olas en una venera, desembarcó primero en la isla de Citera[2]; pero como le pareció una isla muy pequeña, pasó al Peloponeso y más tarde fijó su residencia en Pafos, Chipre, todavía la sede principal de su culto. La hierba y las flores brotaban de la tierra dondequiera que pisaba. En Pafos las Estaciones, hijas de Temis, se apresuraron a vestirla y adornarla.
Algunos sostienen que surgió de la espuma que se formó alrededor de los órganos genitales de Urano cuando Crono los arrojó al mar; otros que Zeus la engendró en Dione[3], hija del Océano y Tetis, la ninfa del mar, o bien del Aire y la Tierra. Pero todos están de acuerdo en que se echa a volar acompañada de palomas y gorriones.[4]
[1] Afrodita («nacida de la espuma») es la misma diosa de extenso gobierno que surgió del Caos y bailó sobre el mar y que era adorada en Siria y Palestina como Ishtar o Ashtaroth (Ver también Innana). El centro de su culto más famoso era Pafos, donde la imagen anicónica blanca original de la diosa se puede ver todavía en las ruinas de un grandioso templo romano; allí cada primavera su sacerdotisa se bañaba en el mar y volvía a salir de él renovada.
[2] Citera era un centro importante del comercio de Creta en el Peloponeso, y sin duda se introdujo desde allí en Grecia el culto de la diosa. La diosa cretense estaba íntimamente asociada con el mar. Las conchas alfombraban el suelo de su palacio santuario en Cnosos; en una joya de la Caverna del Ida se la representa soplando una concha de tritón, con una anémona de mar junto a su altar; el erizo de mar y la jibia le estaban consagrados.
Una concha de tritón se encontró en su santuario primitivo de Festo y muchas más se han hallado en tumbas minoicas posteriores; algunas de ellas son copias en terracota.
[3] Se la llama hija de Dione porque Dione era la diosa del roble en el que anidaba la paloma amorosa. Zeus pretendió que era su padre después de haberse apoderado del oráculo de Dione en Dodona, y en consecuencia Dione se convirtió en su madre: «Tethys» y «Tetis» son nombres de la diosa como Creadora (derivada, como «Temis» y «Teseo», de tithenai, «disponer», «ordenar») y como diosa del Mar, pues la vida comenzó en el mar. Las palomas y los gorriones se caracterizaban por su lascivia, y al pescado y los mariscos se los considera todavía afrodisíacos en todo el Mediterráneo
[4] GRAVES Robert. Los Mitos Griegos I. Traductor: Luis Echávarri, revisión: Lucía Graves. Alianza Editorial Madrid, 1985.

QUE ES LA POESIA

…¿Qué es la poesía?....es el acto de atender en toda su pureza. Sirvan entonces los poemas para ayudarnos a atender como nos ayudan el silencio o el cariño.No es por azar que nacemos en un sitio y no en otro, sino para dar testimonio. A lo que Dios me dio en herencia he atendido tan intensamente como pude; a los colores y sombras de mi patria; a las costumbres de sus familias; a la manera en que se dicen las cosas; y a las cosas mismas-oscuras a veces y a veces leves. Conmigo se han de acabar estas formas de ver, de escuchar, de sonreír, porque son únicas en cada hombre; y cómo ninguna de nuestras obras es eterna, o siquiera perfecta, sé que les dejo a lo más un aviso, una invitación a estarse atentos. A estar, mejor que estuve yo nunca, en lo que Dios nos dio en herencia.[1]
[1] Prólogo del libro “Por los Extraños Pueblos, 1958” del Poeta español, Eliseo Diego

Babilonia

Conviene precisar a nivel histórico sus hechos más relevantes para empezar a ubicarnos dentro de la confrontación de ideas que más adelante procesarán los hebreos.
En 1840 a.C., aparecen entonces en el horizonte una nueva banda semítica, los Ameritas[1] o Amorreos[2], conquistando con sigilo a los sumerios[3] hasta lograrlo del todo bajo la égida de Hammurabi[4]. Su leyenda sirvió como modelo en el ensamble del proto-personaje y legislador judío, Moisés[5], junto con Akhenatón y cuyo nombre se podría traducir como: «Hammu es el que cura». Fue el sexto monarca de la dinastía fundada por el jeque Sumuabum.
Este señor crea el imperio semítico de Bab-ilani[6] (Babilonia para los griegos, nombre que significa «puerta de los dioses», por donde las divinidades descendían a la tierra; también se habla de la casa de la base del cielo y de la tierra).[7]
Tuvo que someter a las ciudades estados que seguía fragmentando la unidad nacional; ciudades como Larsa, Mari[8], Eshnunna y Asur[9] fueron las más destacadas. El príncipe de Mari (Zimri-Lim[10]) en una de sus cartas, cita entre las revoltosas tribus nómadas de su territorio a los Benjaminitas[11] y a su paladín lo llama davidum (modelo de nombre real para David[12], el Rey de Israel del año 1.000 a.C.). En su palacio (agrupación de 300 estancias en 200 Hectáreas) se exhumaron archivos de 20.000 tablillas de arcilla. Por ellos sabemos de la eficiencia del Estado y de la creación de un perfeccionado sistema de transmisión de mensajes por medio de hogueras, que le permitían a una noticia darse a conocer en pocas horas por toda la nación (que posteriormente adoptó Judá, llegado su cuarto de hora).
Durante estos tiempos aparecieron los extáticos, una clase de profetas en trance, que presumían de oír palabras celestiales que debían transmitir a los mortales (barruntan, con más de 500 años de anticipación a los profetas como Elías[13] o Eliseo[14]. Dagán y Adad[15] compiten por estas revelaciones, con la divinidad hebrea).
Se dice que la estela de grandeza y unidad ponderada que recae sobre Hammurabi opacó su lustre de mano de sus herederos.

Culturalmente la cultura babilónica innovó poquísimo, al contrario conservó la literatura y el arte con leves cambios.
Legaron a la posteridad el año de doce meses, parte de la nomenclatura de las constelaciones; términos como jaspe, mirra, nafta y mezquino.

Lo crucial para este relato cultural, radica en que los babilonios y más tarde los asirios y hebreos recogieron el legado cultural sumerio-accadio y a su manera lo continuaron, adaptándolo a su lengua e idiosincrasia particulares.
«El judío ortodoxo usa un término Sumerio cuando habla del divorcio. Y cuando participa en la lectura de la lección de la Torah en la sinagoga, sigue tocando el lugar pertinente en el pergamino con el borde de su mantilla de orar, totalmente inconsciente de que está representando de nuevo la escena en que el mesopotamio antiguo en los rituales de sus templos dejaba la huella del borde de su vestido en una tableta de arcilla, como prueba de su compromiso con las cláusulas del acta legal…
La liturgia judía está repleta de actos tomados de los babilonios. El Kol Nidre, el canto judío que se recita la víspera del Día de la redención, pidiendo perdón por haber quebrantado votos, es similar a las oraciones que formaban parte de las ceremonias mesopotámicas del Año Nuevo». [16]

Posterior también a su destierro en Babilonia, los judíos creían en demonios y exorcismos; bullían los místicos con visiones apocalípticas sobre el porvenir judío y del mundo civilizado.

Tal fue su ascendente sobre las civilizaciones mencionadas que hasta un siglo antes de la era cristiana, los semitas mesopotamios conservaron el sumerio (muerto como lengua desde el 2.000 A.C.) como lengua litúrgica y científica (mientras para el uso corriente se esperaban en acadio, hasta que posteriormente y mucho más adelante, el arameo ocupase su preponderancia). La religión sumeria, no despareció, tan solo evolucionó, asimilando otros conceptos vecinos y fortaleciendo su estructura.[17] Generalmente la labor babilónica consistía en copiar y transcribir la herencia cultural de sus antecesores.[18] Pero también deciden y rechazan ciertos tópicos, o desarrollan otros de una manera original. Algunos mitos sumerios, para la concepción de los babilonios, eran no solo irreverentes sino excesivamente vanidosos. Pero el escriba babilonio, aunque no sabía fabular, sobresalía poniendo orden.

Se aviene el esplendor de los semitas occidentales; étnicamente los súmenos desaparecieron y su lengua pasó a ser «culta», la de las ciencias y los dioses, pero aun estos cambiaron su prelación, por ejemplo Dagán ganó preeminencia (queriendo “desbancar” a Enlil), lo mismo que Marduk (nuevo dios de los nómadas del desierto, asociado al amanecer, que posteriormente sustituirá a Enlil y en sus actuaciones no consultará a Enki-Ea, su padre sino por cortesía y tratará de resumir en su esencia a todos los demás dioses). Shamash sustituye a Utu[19], dios solar; Sin ocupa el lugar de Nanna. Adad o Hadad, el dios de la tempestad y cuyos símbolos eran el rayo en zigzag y el toro empieza a introducirse en el cúmulo de divinidades adoradas.
¿Tendencia al monoteísmo? O mejor, ¿henoteísmo?[20]

En esta etapa de la religión mesopotámica, la plegaria individual gana su lugar en la liturgia: ingresan al culto plegarias de acompañamiento, que refuerzan el sentido de los mitos; las plegarias conjuratorias, pronunciadas en caso de calamidad o miedo de alguna desgracia y asociadas de alguna manera como punto intermedio entre la magia y la religión; los salmos penitenciales para calmar la ira divina, confesando la responsabilidad del fiel; y en general las oraciones literarias que amalgaman géneros creando mutantes o híbridos literarios.
A diferencia de sus ascendentes espirituales (los súmenos), los babilonios viven su relación con los dioses más agitadamente, experimentando sentimientos de culpa, ansia y terror ante las potencias sobrenaturales. Al volverse más exigente sus práctica religiosa, la maraña de prohibiciones proliferan y los demonios (surgidos de los temores hijos de la noche, de las alucinaciones del desierto o de estados febriles,) asustan a los feligreses. Estas figuras demoníacas se distinguen de los dioses (antropomorfos) por sus formas animales compuestas y gesticulantes, se les designa por nombres genéricos ya que generalmente actúan en legión (siete veces siete); de origen celeste se considera que han sido rebeldes o despreciados. Provocan enfermedades, confusiones y desgracias de todo tipo. Su misión es castigar a los hombres por sus transgresiones. La vida consistía en eludir o librarse de su nefasta compañía; los demonios siempre estaban ahí expectantes a hacer tropezar al fiel
Ganada su reputación como pivote de encuentro entre dioses y humanos, la adivinación[21] tiene amplia aceptación para los babilonios generalizando nosotros, que casi todos sus presagios eran condicionales y los demás se podían contrarrestar con el ritual apropiado. Los principales métodos usados eran la extispiscina (examinando las entrañas de las víctimas)[22], la oniromancia (interpretación de sueños), la fisionogmonía (rastros del rostro y particularidades corporales), la lecanomancia (consulta por el aceite), y, presagios obtenidos de a cotidianidad. Con esta civilización heredamos los occidentales el gusto por los amuletos para prevenir los males. Además, la astrología empezó a descollar, recibiendo nosotros los signos zodiacales que ellos inventaron; de acuerdo con los días y los meses sus almanaques aconsejaban pautas de comportamiento o hechos a realizar, son las llamadas hemerologías. Algunas veces las prohibiciones son sustituidas por un consejo positivo, en otras se recalcan las consecuencias de infringir las reglas. Eran tantas y tan numerosas que los fieles (infelices o enfermos) casi nunca podían determinar con certeza qué norma habían infringido, a qué dios o demonio habían ofendido y pedía perdón por cualquier cantidad de posibles pecados cometidos.
Con todas esas herramientas y más, para dilucidar el futuro y prever consecuencias desfavorables, el babilonio consideraba que debía tomar cartas en el asunto para enderezar lo que parecía torcido, recurriendo entonces a los conjuros de defensa y sustitución. La magia[23] adquiere aquí un significado exploratorio de las fuerzas del mal a combatir[24] y casi todas sus prescripciones involucran a una divinidad.

El panteón babilónico llegaba fácilmente a 3.000 nombres, haciendo eco de un inmovilismo religioso pasmoso. ¿Impaciencia por el politeísmo? ¿Henoteísmo sentimental? El monoteísmo funde pero también excluye, aquí parece no ser el caso.
Conservando la doctrina del arquetipo celestial el rey era el representante de los dioses, pero también ante las divinidades encarnaba a los hombres (se le exigía un código de conducta elevado).
Celebraban el año nuevo durante los primeros once días del mes de Nisan (correspondiente a mediados de marzo y mediados de abril), el mes en que caía el equinoccio de primavera. Se llamaba zagmuk en lengua sumeria y akitu en acadio. Cuando se festejaba esta celebración, durante los primeros tres días se hacían abluciones y plegarias ceremoniales; el dios Marduk ha desparecido y nadie sabe dónde se halla, llevándose con él el sol y la luz.
Al caer la tarde del cuarto día se hacían sacrificios ante Marduk y su esposa Sparnitum, el sacerdote supremo ubica exactamente los astros y recita plegarias de desconjuro, luego, en presencia de la estatua de Marduk se recitaba el poema de la creación (“montándola” como una obra de teatro).
El quinto día se hacían más purificaciones rituales y se degolla un carnero[25]: cortándosele la cabeza, con su cuerpo sangrante se untan las paredes de sangre. El cadáver lleva consigo todo lo maligno que pueda poner en peligro el Estado, por tanto se arroja al Eufrates mientras llega el dios Nabu (hijo de Marduk) de Borsippa, para hacer parte del ceremonial. Ese mismo día aparecía el rey en la festividad. El sumo sacerdote le quitaba al monarca todas sus insignias(cetro, anillo y diadema) dejándolo entrar al sancta santórum; se le humillaba y abofeteaba y tironeaba literalmente de las orejas, se le hacía arrodillar ante Marduk[26] y asegurarle al dios que en todo el transcurso del año no había cometido faltas o pecados ni descuidado su templo ni a su ciudad[27]; después el sacerdote hacía una interpelación y devolvía las insignias al rey, siendo abofeteado este de nuevo[28]; en la noche se sacrificaba un toro blanco.
El sexto día llegan al templo de Marduk las imágenes divinas en solemne y lujosa procesión. Al tiempo se celebraba también la llamada fiesta de las suertes, donde se fijaba el porvenir de los meses; luego se desarrollaban unos rituales que en conjunto revalidaban y recordaban el proceso de la creación. Al término de las profecías el rey toma de la mano a Marduk (confirmando su cargo para el año siguiente). Posteriormente la estatua de Marduk junto al rey, remontaban el Eufrates buscando el templo de la fiesta de Fin de año.
Al onceavo día volvía a la ciudad por el mismo recorrido al son de cánticos sagrados y la procesión de los dioses visitantes e ingresando a la ciudad por la puerta de Ishtar. Por último se celebraba el matrimonio entre Marduk y su consorte Sarpatinum (el rey con una sacerdotisa o esclava del templo), para garantizar la fertilidad y abundancia en la tierra en el año iniciante.
En la parte cultual existía el sacerdote principal o Sanga, reuniendo cualidades religiosas con administrativas; los exorcistas de rigor, los cantores o naru, escribas y supervisores.
La llamada prostitución sagrada consolidó su reputación sobre un relato de Herodoto que habla que cada virgen, antes de contraer matrimonio, tenía que entregarse por dinero al primer desconocido en el santuario de Ishtar, por una suma que luego entraría a las arcas del templo. Este culto a la fertilidad también lo practicarán los cananeos y otros pueblos de oriente.

El más allá, era tenebroso para los babilonios; de ahí que se pretendiera vivir a tope la existencia terrena y por medio de sus actividades piadosas prolongar ese inevitable encuentro con la muerte. La única luz para esta gris existencia de inframundo eran los sacrificios para los muertos, sobre todo las ofrendas para los dioses del agua (hechos por los herederos).

Veamos ahora entonces su explicación de los orígenes del mundo. Según el Enuma Elish:
Cuando arriba los cielos no habían sido nombrados/(y) la tierra firme abajo no había sido llamada con nombre;/(y) nada sino el Apsu primordial, su progenitor,/(y) Mummu-tiamat, la que los dio a luz a todos,/Sus aguas, como un solo cuerpo, confundían;/(y) los desechos del junco no se habían hacinado,/El carrizal no había aparecido;/Cuando cualquiera de los dioses no habían sido traídos al ser/Ni llamados con nombre, no destinados sus destinos[29]/Entonces sucedió que los dioses/Fueron formados en el seno de ellas.

De un mar sin forma[30] (Tiamat, representado como un dragón y cuya muerte era requisito previo para crear un universo ordenado ya que lidera las hordas del caos), a semejanza de un gran útero, nacen Lakhmu y Lakhamu (O Lahmu y Lahamu: concebidos como demonios o serpientes acuáticas servidoras de Enki), quienes, a su vez, dieron vida a Anshar ("totalidad de los elementos superiores") y Kishar ("totalidad de los elementos inferiores"). De la unión de los dos complementarios nació Anu (el dios del cielo).

Apsu y Tiamat[31] añoraban el silencio y la paz de sus inicios y les empezó a disgustar el bullicio de las deidades jóvenes y decidieron arrasar con ellos. Estos al darse cuenta de las intenciones de sus antepasados, tomaron medidas: Anu hizo surgir los cuatro vientos y las olas para perturbar las aguas mientras Enki, encadenó y asesinó a Apsu.
Tiamat repostó enviando un regimiento de criaturas demoníacas contra los dioses y los retó a luchar contra el poseedor de las tablillas del destino (Kingu o Quingu); solo Marduk se atrevió a pelear contra él, estableciendo como requisito previo entre sus semejantes que le reconocieran la supremacía.
Al vencer Marduk[32], pone orden al universo, es decir, lo crea, dividiendo el cuerpo de su víctima en dos partes (o sea que sacrifica al monstruo primordial), con la una construyó el cielo y con la otra la tierra[33]; con los órganos de su adversario derrotado hizo los elementos terrestres y con la sangre de Kingu (ayudado por Enki-Ea), crea al hombre, para servir a los dioses.
Tanto el hombre como el mundo participan entonces de esta doble condición demoníaco-divina.[34]
[1] Amorites, Amorrites, Amoritas, Amurriter, Amorrei, Amorieten,
[2] Amurrum , en Acadio. Proviene del término sumerio martu , «el oeste». Cananeos orientales o semitas occidentales. De ellos se decía que son «un pueblo destructor, con los instintos de una bestia..., un pueblo que no conoce el grano», «comen carne cruda, no tienen casa y ni siquiera se preocupan de enterrar a sus muertos».
Tienen en común con los otros pueblos semíticos, la veneración positiva o negativa de la serpiente y el carácter sacral de las montañas; en el plano de las prácticas rituales, el sacrificio, la adivinación y la ornamentación ritual. Sus creencias se acercaban más a los palestinos que a los pueblos de Mesopotamia. Atribuían una importancia relevante a las revelaciones proféticas (adquiridas en pleno éxtasis) y que el rey tenía en cuenta a la hora de sus decisiones de Estado. ¿Época del Abraham bíblico quizás?
Así mismo, en casi todos estos pueblos, se designa a la divinidad usando un término derivado de la raíz «el» o «il».
[3] Sumer.
[4] Hamorabis, Hammurapi, Hamurapis, Hamurabi. Véase también: Legislación judía y Código de Hammurabi,
[5] Moses, Moïse, Mose, Mosè
[6] Ka-dingira en sumerio.
[7] Las puertas solucionan el inconveniente de la continuidad espacial; se levantan como símbolos y como medio de transporte.
[8] Estado de unos 500 Km., desde la frontera de Babilonia hasta el límite de Siria.
[9] Assur.
[10] Zimrilim.
[11] Hijos de la mano derecha. (es decir, del sur)
[12] Davud, Davido, Davide, Daud, Dawid, Dovydas, Daavid, Daawuda
[13] Elijah, Élie, Elia, Elias, Helias.
[14] Elisha, Élisée, Elisa, Eliseu
[15] O Iskur.
[16] KRAMER, Samuel Noah, La cuna de la civilización, Time -life books B. V. Ámsterdam, 1981, páginas 160 y 161.
[17] NOUGAYROL Jean, La religión Babilónica, en Historia de las religiones, Siglo XXI editores, México 1977, páginas 268-272.
[18] Aún en el plano económico, sabida su pobreza en materias primas, impulsó el comercio como pauta de supervivencia.
[19] Era el dios de Sem (Etana).
[20] Una divinidad superior y otras supeditadas a ella.
[21] Siendo objeto de las preguntas decisorias de las existencia cotidiana, el dios sol (en tanto que juez y no legislador), el dios del tiempo y la noche y ocasionalmente los astros. Los babilonios comprenden que los dioses no mienten, quizás callen o de pronto sus respuestas sean ambiguas
[22] Se trata de establecer presencia o ausencia, color y tamaño, estado y disposición de las mismas; del hígado (víscera de los presagios por excelencia; asociada a los estados emocionales de los dioses) se pasa al pulmón, etc.
[23] Pudiera sonar a manido pero la magia más importante para ellos era la magia del