Siempre creí posible la eternidad en el recuerdo ajeno, siempre visioné la existencia como un proceso de justificación frente a los sueños creados en la infancia o frente a las expectativas que nuestros mayores forjaron sobre nosotros. Por eso amo el cine, porque recrea la vida de muchos de nosotros…Y así no pueda catalogarme como cinéfilo, apasionadamente miro la pantalla, rio con los actores, lloro con su dolor y fantaseo con sus ilusiones.
Cinema Paradiso aludiría entonces al primer cinema, al cinema ideal, a la mágica confluencia de un mundo almibarado como suele ser el mundo de Toto y de los niños todos, a la apoteósica presentación del gran filme que puede ser nuestra existencia… aunque como marionetas de un titiretero, no alcancemos a comprender el descenlace. Cinema paradiso nos recuerda que la vida suele ser más complicada que una película, acaso con miras más rastreras…Crecemos, vamos amoldándonos a la necesidad del momento y corremos en pos de reflejos como el perrito de la fábula, soltando el hueso que tal vez sea lo único concreto de nuestra existencia. Salvatore se marchó del pueblo, de Giancaldo, Sicilia, con su liviano equipaje de añoranzas, recuerdos, películas y ambiciones, presionado por su gran amigo, Alfredo…Tal vez como César ne las Galias, hubiera necesidad de quemar todas las naves tras de sí…tal vez no. Pero fue esa tenacidad, ese trasladar el concepto de realización personal hacia quien más queremos, de Alfredo a Salvatore lo que hizo que Toto llegare a ser un afamado director de cine.
Cinema Paradiso me hace volver la cabeza hacia los años idos, como quien se sienta a la vera del camino y hace balances respecto a los logros de su precaria existencia. La familia, los amigos, la infancia, las peripecias para sobrevivir en un mundo convulso que a ratos da unos estertores como de agonía. Cierro los ojos, para ver mi propio cinema paradiso, el de caminos polvorientos o fangosos dependiendo de la temporada, el de gente sencilla y buena murmurando sobre los que nos fuimos del villorio a intentar proyectos... No quisiera regresar a mi Giancaldo únicamente porque muera alguien querido, prefiero ser Alfredo en ese instante, el que fallece dejando estela, el que se va sin dejar de estar ahí, el que marca legados resistiéndose al olvido.
Cinema Paradiso: si no la ha visto, debe verla, para que ejecute un ejercicio dramático sobre lo importante en la vida, que no son los grandes amores, sino los amores cotidianos, persistentes y poco protagónicos.
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