Generalmente llego desde la literatura al cine pero con Benjamín Button me sucedió al contrario. Lagrimeando hasta las dos de la mañana ( es una producción que nos espabila durante más de dos horas, sin soltarnos), me acosté reflexionando varios puntos que me gustaría compartir con ustedes, más allá de la fotografía o el maquillaje usado en la pelicula, de la credibilidad o no del relato. Benjamin Button me hizo cuestionar la linealidad de la vida y del tiempo: resulta que donde fluye la energía pura, más allá de los sueños, el tiempo no existe ni tampoco el espacio, o, si son reales tales variables funcionan a capricho del soñador. En Benjamín Button, Brad Pitt nace viejo- como nos tocó a muchos bastardos de la violencia o del tercer mundo-, crece rejuveneciendo y muere bebé. En esencia, la vida es un viaje, aunque no como nos lo pretenden hacer creer la tradición o las costumbres, uno viene de una fuente y regresa a ella, como un eterno retorno, como un giro necesario para que la vida recargue energías; independientemente de etiquetas, el viaje es inevitable, luego hay que atrapar lo mejor de ella y, así no dure, como lo espete Benjamín Button, hay que asirlo, como un etéreo perfume, como se agarraría a un viento ligero.
21/06/09
Benjamin Button
Se nace arrugado y se muere arrugado, distinto pero relativamente igual; se nace dependiente y se fallece dependiente de las atenciones y cuidados de nuestros semejantes. Benjamín Button aprende rápidamente de su efímera existencia, cual puede ser leve y ligera cualquiera de nuestras particulares vidas, descubre el amor, con asombro, temor y distancia, como cuando ustedes y yo nos pudimos enamorar por vez primera. Pero más allá de la materia, de nuestra apariencia física, Button nos confirma que para el amor no hay edad, no hay pautas físicas precisas ni otros limitantes con que nos complicamos los occidentales. Y Benjamín tuvo miedo y huyó; su amor y desengaño, tienen unos visos semejantes al amor cuasi-imposible de Forrest Gump y Jenny (recordemos que ella solo accede a los requerimientos amorosos de Forrest después de un largo tiempo y de que este derrochara atenciones con ella) pero el desenlace es distinto.
Huir es una forma de dar un rodeo para enfrentar la crisis con mayor denuedo. Benjamín Button se marcha, pero sabe que en realidad nunca se ha ido.
Y como colofón a estos apuntes dispersos, decir tan solo que en Benjamín Button se confirma paradoja del fluir de la existencia, esa que cuando más queremos atraparla, se nos marcha con mayores bríos, como el cauce de un rio torrentoso. Nació Benjamín Button cual fruto del amor, fue despreciado por su aspecto, creció y se hizo agradable a la vista. Porque el amor materno (y el paterno en algunos casos), es desprendido y entregado, marca los linderos de una existencia, tanto su comienzo como su final. Recordemos que Benjamín Button fallece en brazos de su amor, Daisy (Cate Blanchett), un amor que evoluciona con el paso del tiempo y termina en absoluta entrega.
Benjamin Button, una historia de amor que si no vemos, de seguro nos hará más pobres de horizontes.
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