Era claro que Carlos V tenía problemas de intereses con Francia y Francisco I. Buscando enfrentar este conflicto, el primer movimiento de Carlos V fue enviar una expedición a Lombardía. Había que procurarse alianzas, una buena esposa que le procurara una gran dote y vastos territorios que ensanchara sus dominios. Se habló de María, la hija de Enrique VIII, quien solo tenían 5 años (y con la que solo se podría casar hasta que tuviera 12); pero con el ascenso de un nuevo papa, quien no se inclinaba hacia ninguno de los bandos en pugna, Carlos V pensó que debía casarse con quien le permitiera superar las diferencias habidas con Francia, creando lazos con la familia Valois. En esto pensaba el emperador cuando estableció su corte en Madrid y, fue allí donde le llegó la noticia que en Italia, Francisco I había sido hecho prisionero. Carlos V le acoge como a un visitante ilustre y no como un prisionero. Es más, le propone firmar un acuerdo por medio del cual saldrá libre: Carlos V se queda con el ducado de Borgoña y Francisco I con Artois y el Franco Condado (así como a no intervenir en Italia).
En el terreno del matrimonio, Carlos V había concertado su boda con una prima, Isabel de Portugal, matrimonio que contaba con el beneplácito de la crema y nata de la nobleza española. Pero el emperador había tenido dos hijas naturales, producto de amoríos furtivos: se trataba de Margarita, quien luego sería condesa de Parma y, de Juana, quien moriría a los ocho años.
La boda de Carlos V e Isabel de Portugal tuvo lugar en Sevilla el 10 de marzo de 1526. Más allá de las conveniencias políticas y económicas de dicho matrimonio, al verse, surgió entre ellos un delirante amor a primera vista. Debido a la dispensa papal que debían obtener (no olvidemos que eran primos), se casaron inicialmente en 1512.
Carlos V e Isabel de Portugal, un matrimonio feliz pese a las conveniencias.
Leer tambien: Emperador Carlos V
En el terreno del matrimonio, Carlos V había concertado su boda con una prima, Isabel de Portugal, matrimonio que contaba con el beneplácito de la crema y nata de la nobleza española. Pero el emperador había tenido dos hijas naturales, producto de amoríos furtivos: se trataba de Margarita, quien luego sería condesa de Parma y, de Juana, quien moriría a los ocho años.
La boda de Carlos V e Isabel de Portugal tuvo lugar en Sevilla el 10 de marzo de 1526. Más allá de las conveniencias políticas y económicas de dicho matrimonio, al verse, surgió entre ellos un delirante amor a primera vista. Debido a la dispensa papal que debían obtener (no olvidemos que eran primos), se casaron inicialmente en 1512.
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